Un micro de dos pisos, siete personas empujando bajo la lluvia y un cantante filmando desde atrás pidiendo auxilio. Así fue el sábado para Dillom, que viajaba a tocar en vivo y se encontró con un percance que hubiera dejado a cualquiera con ganas de cancelar la fecha. Pero no: después llegó, tocó y sus fans lo celebraron. Eso es lo que importa acá.
El video que compartió en redes era bien crudo: el equipo completo tratando de sacar el micro —con un cartel que decía "Tour 2026"— de una especie de plazoleta de ripio, sin que el vehículo de dos pisos lograra volver al asfalto. "Se nos quedó el micro, necesitamos ayuda para empujar, vengan", escribió Dillom filmando, mientras se escuchaba su voz pidiendo mano desde otro ángulo. La lluvia no paraba. Nadie se fue. Y eventualmente, lo lograron.
La relación complicada (y divertida) con sus fans
Lo interesante es que esto sucede justo cuando Dillom anda promocionando La Nueva Violencia, su nuevo disco, con una estrategia poco ortodoxa: en lugar de una presentación de lujo para la industria, organizó tres shows gratuitos el mismo día en distintos lugares. Cuando le preguntaron por qué, fue honesto: no quería gastar guita "invitando a los mismos de siempre, que ni siquiera escuchan el disco y después te dan una palmadita en la espalda". El álbum cuestiona las lógicas de exposición y "cholulaje", así que una gala convencional habría quedado al horno.
Esa coherencia también se ve en cómo habla de su público. Hace poco, en una entrevista con Pedro Rosemblat en Gelatina, Dillom fue brutalmente franco: sus seguidores lo bancan a morir, viajan a todos lados, crean merch inspirado en su obra. Pero también son "unos rompehuevos totales". Hizo un show gratis y le reclamaron que no fue a Córdoba. Anunció Rosario y le pidieron que sea en otro día porque laboran. Es el clásico fan que quiere todo, ahora y en su ciudad. Dillom lo tomó con humor, pero quedó clara la tensión.
Lo que sobrevuela en todo esto
Lo que me atrae es que Dillom sigue pisando firme en su contradicción: ama profundamente a quienes lo siguen, genuinamente valora que sus canciones inspiren a la gente a crear, pero también tiene los pies sobre la tierra. No es un mártir de la industria ni finge que todo es perfecto. Un micro varado bajo la lluvia no lo detiene, y un fan demandante tampoco. Sigue adelante con lo que vino a hacer.
Eso es más raro de lo que parece en la farándula argentina.


