La Policía Nacional salió a defender los números de su billetera para el próximo año y, la verdad, la jugada fue seria. Ante la Comisión Bicameral de Presupuesto del Congreso Nacional, el ministro del Interior Enrique Riera y su tropa técnica argumentaron por qué necesitan 799 millones de dólares para 2027. No es poco dinero, y los números hablan: un aumento del 19% respecto a este año.
La presentación fue orquestada con precisión. Enrique Riera llevaba el discurso, acompañado por Carlos Benítez en Seguridad. Por parte de la Policía, los pesados: el comandante César Silguero Lobos, el subcomandante Feliciano Martínez y el comisario general Inspector José Vera Gamarra, encargado de las cuentas. Vera fue quien soltó los detalles que sostienen el pedido: 5000 nuevos efectivos policiales para el próximo año y una inversión de 100 mil millones de guaraníes destinados a construir comisarías.
¿Por qué crece tanto la cifra? La respuesta más fácil está en la ley: el aumento del salario mínimo se replica en las instituciones públicas. Es automático, no es capricho. Pero la expansión de recursos va más allá. Incorporar 5000 uniformados, levantar infraestructura, actualizar equipamiento, todo eso tiene costo. La ecuación de Vera fue clara y los diputados, según fuentes del Congreso, quedaron conformes con lo que escucharon.
Lo que el dinero no compra
Acá viene la parte incómoda. Que los números cierren en el Congreso y que la Comisión Bicameral los valide es una cosa. Que el Tesoro Nacional realmente tenga esos dólares disponibles es otra muy distinta. Paraguay no florece en billetes, y las prioridades de gasto siempre compiten entre sí: educación, salud, seguridad, obras públicas. Todos piden, todos necesitan.
Lo interesante acá no es si la Policía merece inversión —obviamente la necesita—, sino el ruido que genera cualquier aumento grande en un contexto donde la plata escasea. El 19% de incremento suena bien si mirás la institución en soledad. Pero si lo pensás en el contexto de un presupuesto nacional ajustado, empieza la batalla política. Porque presupuesto es poder: quién recibe más, quién queda afuera.
Los diputados salieron conformes de la sesión, según los registros. Pero eso no garantiza nada. La aprobación depende de que los recursos efectivamente estén ahí, y de que nadie levante la mano pidiendo que esa plata vaya a otro lado. Veremos en qué termina cuando el proyecto llegue a votación.


