Hay frases que uno escucha y piensa: "Che, esta mina sabe de qué habla". Liz Zárate soltan una sentencia sobre el amor que me encantó: la única brujería que funciona es, justamente, el amor. Y no de esos que necesitan un trabajito de un curandero para sostenerse.
La modelo fue clara en una charla reciente: no se deja conquistar con trucos raros, promesas de película ni amarres. Si alguien quiere llegar a su corazón, tiene que venir con sinceridad, actitud y hechos. Las palabras bonitas cualquiera las tira; lo difícil es demostrarlo.
Cuando el amor de verdad no necesita pócima
Lo que me atrapó de esta entrevista es que Zárate va al punto justo: el amor verdadero no se obliga ni se compra. Si para mantener a alguien a tu lado tenés que recurrir a un amarre, entonces ahí no hay nada. Prefiere, y con razón, a un hombre que se quede porque le encanta estar a su lado, no porque alguien le hizo un trabajito en la cocina.
Su receta para conquistarla es tan simple como efectiva: seguridad en uno mismo, atención, humor, respeto y detalles. Lo que ella ofrece es su personalidad, su sonrisa y esa confianza que tiene. Y acá viene lo picante: aclara que su simpatía no es un pase libre. Ahí está el verdadero poder —sabe lo que vale y no regala nada.
Es refrescante escuchar a una mina que no romanticiza los abusos emocionales ni se deja seducir por la idea del amor imposible. Zárate pone la vara alta, y eso es lo que hace falta en este circo donde muchas todavía creen que tienen que esperar a un príncipe que las cambie o un hechizo que las salve.


