¡Ay, mijita! ¿Te acordás de esa pareja que nos tenía a todos con la ceja levantada? Sí, esa, la de la Demi y el Ashton. Ella, la diosa de Hollywood, él, el 'chico lindo' que venía pisando fuerte. Se llevaron 15 años de diferencia y, para muchos, eso ya era un escándalo en sí mismo. Pero en el 2011, la cosa explotó por los aires y nos dejó a todos masticando la bronca.
El cuento de hadas que se volvió pesadilla
Ellos se casaron en 2005, en una ceremonia kabbalística, y desde el principio fueron la comidilla de todos. 'Demiashton', les decían. Él, un galán en ascenso, ella, una estrella consolidada que le llevaba unos cuantos años y tres hijas de su anterior matrimonio con Bruce Willis. La prensa se desvivía por mostrar su amor, sus apariciones en alfombras rojas, sus mensajes cariñosos en Twitter (¡que en ese entonces era la novedad!). Parecía que el amor verdadero no tenía edad, ¿verdad?
Pero como siempre digo, en Hollywood, la perfección es una ilusión. Y en este caso, la ilusión se desmoronó con un rumor, o mejor dicho, con una avalancha de rumores. Se empezó a hablar de que Ashton le había sido infiel a Demi. ¡Y no con cualquiera! La cosa se puso picante cuando una chica, Sara Leal, salió a la luz pública diciendo que había pasado una noche con Kutcher en San Diego, justo el día de su sexto aniversario de bodas. ¡Imaginate el revuelo!
La noticia corrió como reguero de pólvora. Los tabloides no daban abasto. Cada día aparecía un nuevo detalle, una nueva foto, una nueva 'fuente cercana' que confirmaba lo que todos sospechábamos. Demi, por su parte, se mantuvo en silencio al principio, pero su silencio era más ruidoso que mil gritos. La vimos más delgada, con una mirada triste, y todos sabíamos que algo andaba muy mal.
Finalmente, en noviembre de 2011, Demi Moore emitió un comunicado oficial que nos dejó a todos con la boca abierta. “Con gran tristeza y pesar, he decidido terminar mi matrimonio de seis años con Ashton”, decía. La frase clave que siguió fue: “Como mujer, como madre y como esposa, hay ciertos valores y votos que considero sagrados, y es con este espíritu que he elegido seguir adelante con mi vida”. ¡Clarito como el agua! Aunque no lo dijo directamente, todo el mundo entendió que la infidelidad había sido la gota que derramó el vaso.
¿Y después qué?
El divorcio fue un culebrón que duró un par de años, con disputas por la fortuna (que no era poca, ¡claro!). Ashton, por su lado, siguió con su carrera y al poco tiempo ya estaba saliendo con Mila Kunis, con quien se casó y tuvo hijos. Demi, en cambio, tuvo un período más complicado, con problemas de salud y apariciones públicas que preocuparon a sus fans. Le costó un tiempo volver a la escena, pero como buena diva, siempre resurge de las cenizas.
Lo que quedó de todo esto fue la confirmación de que la diferencia de edad puede ser un factor, sí, pero que la lealtad y el respeto son la base de cualquier relación, por más glamurosa que parezca. Y que los cuentos de hadas, a veces, tienen finales no tan felices. ¡Pero qué lindo fue chismear todo eso, ¿verdad?!