Ayer miércoles pasado, la radio argentina tuvo su gala de premiaciones —los Martín Fierro de Radio— y María O'Donnell se llevó el oro. No el premio de una categoría: el Oro, el máximo. Después de casi diez años conduciendo la primera mañana, la periodista recibió la estatuilla más pesada de la noche.
Lo interesante no fue solo el premio. Fue lo que dijo cuando lo recibió.
¿Qué pasó en el discurso de O'Donnell?
Mientras agradecía a APTRA (la asociación que organiza los premios), a su equipo y a los oyentes, O'Donnell soltó una frase que no vino de la nada: "Me costó muchísimo poder tener un programa de primera mañana. Todavía, los que opinan sobre política y economía en la radio y en la televisión son predominantemente hombres, nos cuesta mucho a las mujeres que nos den ese lugar".
No fue un discurso enojado ni victimista. Fue un hecho puesto sobre la mesa. Alguien que lleva casi una década en la franja más importante de la radio argentina confirmando lo que cualquiera que encienda la radio sabe: las mujeres no abundan en horarios prime hablando de política y economía.
¿Por qué esto importa más allá del chisme?
Porque O'Donnell no es una de esas conductoras que reclama desde la marginalidad. Está en el podio del medio. Y aun así, tuvo que pelear por estar ahí. Eso dice más que cualquier estadística. Es fácil ignorar la desigualdad cuando la gente que la sufre no tiene micrófono; es más incómodo cuando quien gana el premio más importante de la noche te lo recuerda.
La conductora vino de redacciones (Página 12, La Nación), se metió en la radio después de ser madre, y terminó enamorándose del medio. Pero nada de eso le ahorró la pelea de base: conseguir un espacio donde opinara sobre lo que conoce, sin que se lo miren raro por ser mujer.
¿Es solo un reclamo o hay fondo?
Hay fondo. O'Donnell remarcó que ella hace "un periodismo que no grita, que no adjetiva, que no se enoja". No es una chicana: es una filosofía de trabajo. Y ganó el Oro por eso, por la continuidad, por la trayectoria, no por un pico de audiencia de un día. Eso es lo que la radio valora, según ella misma.
La pregunta incómoda es: ¿a cuántas otras mujeres les negaron ese espacio de continuidad antes de que O'Donnell lo consiguiera? ¿Cuántas optaron por otro lado porque la puerta estaba más cerrada? No lo sé. Pero O'Donnell acaba de ponerlo en la conversación, en la gala más importante del medio, con todo el mundo escuchando.
Eso ya es un movimiento.


