A ver, amores, ¿qué está pasando con Cerro Porteño? Porque lo del fin de semana, en la Fortaleza de Villeta, fue un papelón digno de una telenovela de la tarde. El Ciclón cayó ante Sportivo Ameliano en un partido que, para mí, dejó más preguntas que respuestas. Y justo ahora, con la Copa Libertadores a la vuelta de la esquina, ¡es para agarrarse la cabeza!
El equipo de Barrio Obrero sumó su tercera derrota en cuatro partidos del Clausura, y eso, mis cielos, no es una racha, ¡es una crisis de estilo! Si bien el fútbol tiene sus altibajos, lo que vimos el sábado fue un Cerro desdibujado, sin chispa, sin ese glamour que uno espera de un equipo grande. Raúl Cabral, de Ameliano, se vistió de héroe y cerró una jugada colectiva que fue un golazo, hay que decirlo. Y ahí, mis divinos, se marcó la diferencia.
¿Dónde está el brillo, Cerro?
Lo más dramático de la noche fue cuando Pablo Vegetti tuvo en sus pies la oportunidad de empatar desde el punto penal. Yo, Roro Benítez, ya me estaba imaginando el grito de gol, el alivio, ese momento de redención que tanto nos gusta en el drama deportivo. Pero no, el arquero Sánchez, cual estrella de Hollywood, le atajó el penal al argentino y se llevó todos los aplausos. Un momento que, para mí, fue el reflejo de la mala racha que arrastra el Ciclón: ni con la ayuda del destino.
Y este es el punto que me preocupa, porque no es solo el resultado, es la actitud. El rendimiento del equipo, tanto en lo colectivo como en lo individual, está dejando mucho que desear. Y, seamos sinceros, si van a salir a la cancha de la misma manera contra Palmeiras en la Copa, ¡mejor que se pongan las pilas ya! Porque una cosa es perder en el torneo local, y otra muy distinta es hacer el ridículo a nivel internacional. Mis expectativas para los equipos paraguayos siempre son altas, y ver a Cerro así, tan apagado, me rompe el corazón fashionista.
El historial copero y la presión de la hinchada
Cerro Porteño tiene una historia copera que, si bien no está llena de títulos, sí tiene momentos de gloria y de mucha garra. Desde sus participaciones en la Libertadores en los años 60, el Ciclón siempre fue un animador, un equipo que, con sus idas y vueltas, generaba esa pasión tan característica del fútbol sudamericano. Han tenido figuras que han brillado con luz propia, y partidos que quedaron en la memoria colectiva, con esa mística de Barrio Obrero que se siente hasta acá.
Pero claro, la hinchada de Cerro es de las más exigentes, y con justa razón. Han visto a su equipo pelear, soñar y a veces caer de formas muy dolorosas. La presión es inmensa, y más cuando se acerca un duelo clave como el de la Copa. Para mí, lo que pasó en Villeta no es solo una derrota, es una señal de alerta. Una llamada de atención para que el equipo se despierte, se sacuda el polvo y vuelva a encontrar ese fuego sagrado que siempre los caracterizó. Porque si no, la alfombra roja de la Copa Libertadores puede terminar siendo una pasarela de vergüenza para el Ciclón, y eso, queridos, ¡no lo vamos a permitir!


