La farándula internacional a veces nos hace olvidar que los monstruos también caminan por nuestras calles. Y esta semana, la noticia que sacudió Paraguay es de esas que te dejan el estómago revuelto. Agentes del Departamento del Crimen Organizado de la Policía Nacional metieron preso a un tipo que, según parece, no tiene límites ni escrúpulos. Hablamos de Marcus Da Silva, un brasileño de 33 años que se movía como psicólogo y, para colmo, estudiaba Medicina acá en Paraguay.
¿Qué hizo exactamente este señor?
La historia es de terror. Da Silva supuestamente usaba las redes sociales para enganchar a varones jovencitos, y se presume que la mayoría eran menores de edad. Después, con una frialdad que asusta, los llevaba a su casa en Mariano Roque Alonso para hacer lo que la Policía llama “videos tie’ỹ”. Es decir, contenido pornográfico. Un plan macabro, bien pensado y ejecutado.
¿Qué encontraron en su casa?
Cuando la Policía, bajo la batuta del comisario Pedro Lesme y la fiscala Ruth Benítez, allanó la vivienda de Da Silva, el panorama era desolador. No solo se incautaron de somníferos —lo que confirmaría la hipótesis de que los drogaba—, sino también de juguetes sexuales y un set de filmación completo. Todo lo necesario para llevar a cabo sus grabaciones ilícitas. Un verdadero estudio del horror, montado en la intimidad de su hogar, donde se aprovechaba de la vulnerabilidad de sus víctimas.
¿Qué nos dice esto de la oscuridad que nos rodea?
Para mí, este caso es un cachetazo de realidad. Nos recuerda que la pedofilia y la explotación no son cosas de películas o de otros países lejanos. Están acá, en nuestro patio, y a veces disfrazadas de personas 'normales', incluso 'profesionales'. Que un psicólogo y estudiante de medicina, alguien que debería tener el don de curar y proteger, se dedique a esto, es una traición a la confianza más básica. Es un recordatorio brutal de que debemos estar siempre alerta, cuidar a nuestros jóvenes y no subestimar la maldad que acecha en la oscuridad de internet y, peor aún, en la supuesta 'normalidad' de la vida cotidiana. Espero que la justicia caiga con todo el peso de la ley sobre este tipo.


