Sabrina Rojas hizo lo que muchos hacemos en una charla de radioteatro: adornar la historia para que nadie te identifique al personaje real. El problema es que en la era de internet, eso es como echar nafta al fuego y esperar que no se propague. Hace poco contó en una entrevista que un futbolista joven le escribía insistentemente, y para despistar, mezcló datos: algunos verdaderos, otros inventados. La idea era que nadie adivinara quién era. Bueno, internet decodificó a Franco Mastantuono, el defensor argentino de 19 años que juega en Italia, y ahora ella está re arrepentida.
El malentendido que se viralizó
En su programa de DGO Stream, Rojas profundizó sobre la estrategia de distracción que usó. "Yo juego mucho con la realidad, pero también lo decoro, muchas veces para distraer", explicó. Y agregó, con un punto de angustia: "Esta vez me salió mal porque decodificaron a una persona que no sé ni quién es".
Lo que la tiene incómoda no es solo el ridículo de quedar pegada a alguien desconocido: es la posibilidad de que sus palabras le hayan complicado la vida al chico. "Mirá si este chico está de novio y tiene un problema en su casa porque yo cuento una historia y la gente hace dos más dos", reflexionó, señalando una preocupación legítima. Insistió en que nunca dijo el equipo, la posición ni dónde jugaba, así que cualquier conclusión fue invención pura de los portales.
Sola, cansada y sin ganas de romances
Cuando le preguntaron sobre su vida sentimental actual, Rojas fue directa: nada. "Estoy tan bien sola. Yo sola soy mi mejor versión", afirmó. Y explicó que anda arrasada de laburo, tan al punto que "se me van los nombres".
Sobre Luciano Castro, su expareja y papá de sus hijos, fue clara sin sonar amargada. Reconoció que como copapás están bien, pero las aguas románticas ya se secaron. "Con Luciano no, no, no, no, no. Lo adoro, lo quiero, pero a mí ya no me gusta más", sentenció.
Lo que me queda de esta nota es que Sabrina se metió en un quilombo totalmente evitable. No por contar un chisme —eso es su oficio—, sino por intentar ser lista y terminar complicando a alguien que ni aparecía en la ecuación. En farándula, cuando querés despistar, a veces el remedio es peor que la enfermedad. Ella lo aprendió a los gritos.


