Hay que tener coraje para largar todo, agarrar a tu hijo y decir «nos vamos a España sin ahorros». Pamelita Ovelar, la que fue furor en Cuestión de Peso, hizo eso hace poco más de una semana. Se metió en un avión con tres vestidos, nada en el bolsillo y la incertidumbre de no saber dónde dormiría. Hoy, a menos de dos semanas de tocar tierra madrileña, tiene su propio estudio y prepara sus primeras ventas de comida paraguaya.
Lo que impacta no es solo que se haya animado. Mientras muchos paraguayos que llegan a España comienzan alquilando pequeñas habitaciones—a veces compartiendo hasta el baño—, Pamelita ya está en un piso decente, con cocina de verdad, habitación donde graba sus transmisiones en vivo y espacio para trabajar. Y lo mejor: ya presentó su horno, listo para que los españoles conozcan qué es un chipá guazú de verdad.
De la calle al propio estudio en días
Ella misma lo contó con la emoción a flor de piel: llegó sin nada, pensaba que terminaría en la calle, se estaba mentalizando para lo peor. Pero apareció Sonia, de Bar Paraguay 11, que la ayudó. De un día para otro, Pamelita pasó de tener cero puntos de apoyo a estar en un lugar donde puede trabajar, transmitir en vivo y vender.
«Yo vine con mi hijo y solamente con Dios, sin tener absolutamente nada. Incluso pensaba que iba a terminar durmiendo en la calle. Pero hoy ya tengo mi propio estudio. Desde mi amplia habitación puedo hacer mis lives y vender mis comidas».
Un caso diferente en la migración paraguaya a España
La historia de Pamelita se destaca en un contexto donde muchos paraguayos que emigran a Madrid siguen un camino similar: llegan sin red de contención, aceptan los primeros trabajos disponibles y se instalan en habitaciones compartidas. Aunque no hay cifras precisas sobre cuántos paraguayos emprendieron en Madrid en los últimos años, la mayoría opta por empleos convencionales antes de pensar en negocios propios. Pamelita eligió otro camino: traer su oficio—la comida—y monetizarlo desde el primer momento.
No es una celebridad que se va a vivir del nombre. Es alguien que decidió llevar su negocio a otro lado. Eso es trabajo de verdad: con horno, con comida, con transmisiones en vivo para vender. No es una retirada de lujo; es una apuesta fuerte en territorio desconocido.
Llegó con tres trapos y una actitud. Para algunos, eso es audacia. Para otros, será una curiosidad más. Lo que importa es que demuestra que hay formas de despegar que no pasan por esperar a que alguien te llame desde la pantalla. Con fe, sacrificio y ganas de salir adelante, los sueños comienzan a tomar forma mucho antes de lo esperado.


