Hay algo de espíritu rebelde en Balanegra. No es solo que participe hoy en El Grand Prix —el clásico de Ramón García donde los pueblos se miden a través de pruebas bien raras—, sino que este municipio almeriense ya demostró hace una década que sabe tomar sus propias decisiones: en 2015 se segregó de Berja y se constituyó como ayuntamiento independiente. Hoy, con poco más de 3.000 habitantes y la condición de único representante andaluz de la temporada, se enfrenta a Zumárraga vistiendo de azul y con el Torito como padrino en el plató.
Las claves
Un pueblo joven, pero con raíces. Balanegra es el municipio número 103 de Almería, y aunque su independencia es reciente, su economía se sostiene en algo bien establecido: la agricultura intensiva bajo invernadero del Poniente Almeriense. No es glamoroso, pero funciona. Es el motor que mueve el lugar y el que genera las oportunidades laborales que mantienen a la gente viviendo allí.
La playa es su orgullo. Con 2,5 kilómetros de litoral continuo, aguas tranquilas y Bandera Azul en el currículum, la Playa de Balanegra es el reclamo turístico más fuerte. Paseo marítimo, servicios básicos, salvavidas en temporada alta. Es la postal que vende el lugar y, siendo honesta, en un pueblo andaluz de esas características, una playa así es un golazo.
Más allá del mar. No todo es arena. La Torre de Almenara (resto de una antigua atalaya defensiva contra piratas) y una iglesia parroquial decorada con arte urbano moderno completan el triángulo de atractivos. Es curioso: un pueblo que se independizó hace once años, que vive de invernaderos, pero que sabe contar su historia y le da lugar al arte en el centro religioso. Hay coherencia ahí.
Lo interesante de Balanegra en El Grand Prix no es solo la competencia de hoy. Es que representa algo que está pasando en España: pueblos pequeños que se niegan a desaparecer, que se organizan solos, que entienden que el turismo y la identidad local valen. Y sí, que participen en un programa de televisión nacional es parte de esa batalla por no quedar en el olvido. Por lo menos, esta vez, los almerienses fueron inteligentes en elegir el equipo: el Torito como padrino es un buen comienzo.



