Viste que el calor en las ciudades grandes es insoportable, ¿verdad? Bueno, la gente de Los Ángeles, que tiene más plata que neuronas a veces, se puso a pensar cómo hacer para que sus calles no sean un horno. Y se les ocurrió una idea “innovadora” que en realidad es más vieja que la escarapela: pintar el asfalto de blanco.
Resulta que esta movida del blanco viene de los pueblos de Andalucía, en España, donde pintaban sus casas así desde el siglo XIX para que no entre el calor y, de paso, espantar enfermedades. Una idea piola para las casas, ¿pero para las calles de una ciudad como Los Ángeles? Ahí ya me suena a chiste.
El “CoolSeal” que no es tan cool
Los angelinos, con su proyecto CoolSeal, se mandaron a pintar el asfalto con un revestimiento especial que, según ellos, iba a bajar la temperatura. Decían que el área pintada estaba 5 grados más fría que el asfalto negro. ¡Un golazo, diría uno! Pero acá viene la parte donde el chiste se cuenta solo.
El problema no es si funciona un poco, sino el costo: pintar toda la ciudad les saldría unos 1.300 millones de dólares. ¡Con esa plata te comprás una isla privada con aire acondicionado en cada palmera! Y lo peor es que, además de la fortuna, la efectividad es medio dudosa. En las calles angostas, donde el sol casi ni llega, sería como tirar la plata. Y ojo al piojo: si el pavimento blanco refleja el sol, ese calor se va a los edificios de al lado, o sea, el problema no se soluciona, ¡solo se mueve de lugar! Es como tapar un agujero en el barco para que el agua salga por otro.
Francia ya lo intentó y mandó a plantar árboles
Para colmo de males, esta idea de pintar todo de blanco ya se probó en Lyon, Francia, y la descartaron rapidísimo. ¿Por qué? Por la misma razón: mucha inversión y pocos beneficios reales. Al final, los franceses, que algo saben de vivir bien, recomendaron algo mucho más lógico y estético: ¡plantar árboles!
Así que, mientras en Los Ángeles siguen quemando billetes en pintura, en el resto del mundo ya sabemos que la solución no es un bote de blanco, sino un buen vivero. Para mí, estos proyectos son más marketing que otra cosa. Mejor invertir en más verde, más sombra y, si no, ¡a meterse en la pileta! El chiste es no derretirse, no pintar la calle de blanco para que el calor se le vaya al vecino.


