El 19 de septiembre de 2015, los abogados de Angelina Jolie presentaron ante un tribunal de Los Ángeles la solicitud de divorcio de Brad Pitt. La noticia impactó como un terremoto en Hollywood. No era cualquier pareja: Brangelina —como los medios bautizaron a la dupla— había sido la encarnación del glamour, la filantropía y la familia numerosa. Seis hijos, adopciones internacionales, proyectos humanitarios conjuntos. Para el público, parecían la pareja que lo tenía todo.
Pero los papeles legales revelarían grietas profundas. Jolie citó "diferencias irreconciliables" y, lo más delicado: solicitó la custodia primaria de los seis menores (Maddox, Pax, Zahara, Shiloh, Knox y Vivienne). Brad Pitt, sorprendido públicamente, contrató abogados de primer nivel. Lo que había sido un romance de revista se convirtió en una batalla legal que se alargaría años.
La tormenta mediática y las acusaciones
Lo que empezó como un divorcio de alto perfil se tornó más turbio. En 2016, surgieron reportes de un incidente en un vuelo privado con uno de sus hijos que derivó en una investigación del FBI. Jolie también presentó documentos en los que acusaba a Pitt de conducta erráticas e inapropiada. Pitt negó categóricamente los hechos más graves y aseguró que los informes eran distorsionados.
Las filtraciones de documentos judiciales, las declaraciones contradictorias, los comunicados de prensa de ambos bandos: 2015 se convirtió en el año en que la industria del cine presenció cómo se desmoronaba en tiempo real lo que parecía ser un matrimonio de cuento de hadas. Los medios especulaban sin parar. Los fans tomaban bandos. Los abogados se enriquecían.
El legado del quiebre
La separación de Brangelina no fue solo un chisme de farándula: fue el recordatorio de que ni el dinero, ni la belleza, ni el status podían garantizar que una relación funcionara. Para 2015, el mundo entero tuvo una lección magistral de cómo se destruye un imperio romántico en la era de los medios digitales.
El caso seguiría en los tribunales durante años, con custodia en disputa, apelaciones y acusaciones mutuas. Pero fue en ese septiembre de 2015 cuando todo se rompió. Fue el momento en que los titulares dejaron de hablar de películas y premios para hablar de dolor, de niños atrapados en fuego cruzado legal, de egos y traiciones.
Brangelina nunca fue lo mismo después. Y Hollywood aprendió que ni siquiera los supuestos "príncipes" y "princesas" podían escribir finales perfectos.