¡Ay, mis amores! Hay muertes y muertes, y después está la de Jim Morrison. Porque el 3 de julio de 1971, París se vistió de luto y el rock perdió a uno de sus poetas más salvajes. ¿Y qué pasó? Bueno, ahí es donde empieza la novela, porque hasta hoy, la verdad es más confusa que un domingo de resaca.
Jim, ya saben, el vocalista de The Doors, se había ido a la Ciudad Luz a principios de ese año con su pareja, Pamela Courson, buscando escapar un poco del torbellino de la fama y, dicen, de sus propios demonios. Quería ser poeta, escribir, vivir tranquilo. ¡Qué iluso! Si la vida de Jim Morrison era un escándalo en sí misma.
¿Qué pasó esa fatídica noche?
Oficialmente, la historia es que Jim fue encontrado muerto en la bañera de su apartamento. ¿La causa? Un paro cardíaco. Pero, ¡ahí está el detalle, mis cielos! No hubo autopsia. Nadie lo vio muerto, salvo Pamela y el médico que firmó el certificado de defunción. Y como si fuera poco, lo enterraron rapidísimo en el cementerio de Père Lachaise, casi en secreto, como si quisieran borrar las huellas.
Claro, con ese secretismo, las teorías conspirativas empezaron a volar más alto que un globo aerostático. ¿Sobredosis de heroína? ¿Asesinato? ¿O acaso Jim Morrison se cansó de ser Jim Morrison y fingió su muerte para desaparecer? Esa última era la que más le gustaba a los fans, claro. La idea de que el Rey Lagarto estaba en algún rincón del mundo, escribiendo poesía y riéndose de todos, era demasiado tentadora.
Se habló de que lo vieron en un club de rock, de que le dio un ataque al corazón por una sobredosis y que lo llevaron de vuelta al apartamento para evitar el escándalo público. La verdad es que Pamela Courson, la única testigo clave, dio versiones contradictorias a lo largo de los años y, para colmo, murió tres años después de Jim, también por sobredosis, llevándose consigo muchos de los secretos.
Lo que sí es un hecho es que la muerte de Jim Morrison, a los 27 años, lo catapultó al tristemente célebre 'Club de los 27', junto a otras leyendas del rock que se fueron demasiado pronto. Su tumba en París sigue siendo un lugar de peregrinación para miles de fans, que buscan un pedacito de ese espíritu rebelde que marcó una época.
Así que, ¿qué quedó? Un legado musical impresionante, una leyenda que no para de crecer y el misterio eterno de cómo se fue uno de los personajes más enigmáticos del rock. Porque Jim Morrison no solo murió, se convirtió en un mito. Y eso, mis queridos, es el mejor escándalo de todos.