En 1972, el mundo del espectáculo se paralizó cuando Elizabeth Taylor y Richard Burton anunciaron su separación definitiva. No era la primera vez: ya se habían divorciado en 1976 después de su primer matrimonio (1964-1974), pero para 1972 el derrumbe parecía inminente y la prensa internacional no hacía más que alimentar los rumores.
La pareja que Hollywood llamaba "Los Burtons" había sido el símbolo del exceso, la pasión y el caos conjugal. Se conocieron en el set de Cleopatra (1963) durante un affaire que sacudió a la industria, él casado con Sybil Burton y ella con Eddie Fisher. Cuando finalmente se casaron en 1964, fue portada mundial. Durante ocho años, su matrimonio fue un circo de lujo: yates en el Mediterráneo, joyas millonarias (como el famoso diamante Taylor-Burton de 69 quilates), peleas descomunales en hoteles de cinco estrellas que trascendían a la prensa.
Infidelidades, alcohol y deudas de juego
Para principios de los '70, el matrimonio se desmoronaba bajo el peso de sus propios excesos. Las infidelidades de Burton con otras actrices eran de público conocimiento. Taylor respondía con sus propias aventuras. Los dos bebían copiosamente, algo que empeoraba sus arrebatos de furia. Burton tenía deudas de juego considerable, mientras que Taylor gastaba sin control en ropa, joyas y caprichos. Sus discusiones en suites de hotel de lujo se volvieron legendarias: una vez, Taylor tiró por la ventana una botella de champán que casi mata a un transeúnte.
A mediados de 1972, cansada de los ciclos de infidelidad y reconciliación alcohólica, Taylor pidió el divorcio. Burton no resistió. La separación fue amarga: hubo pelea por dinero, propiedades y la custodia de sus dos hijos adoptivos. Burton acusó a Taylor de haber mantenido una relación con Henry Wynberg, productor y piloto de carreras. Taylor contraatacó con revelaciones sobre las aventuras de Burton.
El divorcio que costó una fortuna
El acuerdo final fue uno de los más caros jamás registrados en Hollywood hasta ese momento. Taylor recibió millones en liquidación, casas, joyas y las ganancias de sus películas conjuntas. Ambos salieron destrozados emocionalmente pero económicamente cubiertos. Los medios especulaban sin parar: ¿quién era el culpable? ¿Quién había traicionado a quién? Las revistas de cine y la prensa de corazón vivieron de la cobertura durante meses.
Lo irónico es que Taylor y Burton nunca cortaron del todo. Volverían a reencontrarse años después, se casarían de nuevo en 1975 (divorciándose finalmente en 1976), y pasarían sus últimos años viéndose ocasionalmente. Pero 1972 marcó el momento en que la pareja más deslumbrante y destructiva de Hollywood tocó fondo en público, recordándonos que ni el dinero ni la belleza pueden reparar lo que el alcohol, la infidelidad y el ego desgarran.