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Salvajada regresa: cuando el teatro se atreve a hacer monstruos de nosotros

Mauricio Kartun y Valentina Bassi traen de nuevo la adaptación de Horacio Quiroga que arrasó premios. Un viaje por el miedo a lo diferente que, spoiler, nos toca más de lo cómodo.

Salvajada regresa: cuando el teatro se atreve a hacer monstruos de nosotros
Perfil Espectáculos

Hay obras de teatro que pasan y listo. Y hay otras que se quedan adentro, revoloteando. Salvajada es de esas. Después de arrasar en el Cervantes hace tres años, después de llenar el Metropolitan, ahora desembarca en el Astros (Corrientes 746) los martes a las 20, y la verdad es que no es un dato menor.

La cosa viene de lejos. En 2023, Mauricio Kartun agarró el cuento de Horacio Quiroga —ese "Juan Darién" de 1920— y lo metió en la licuadora teatral. El resultado: una obra que levantó ACE, María Guerrero, Luisa Vehil, Javier Villafañe, Teatro del Mundo. Sí, todos los premios que podés nombrar. Pero esto no es una lista de trofeos: es que el público la quería, y los críticos también.

Lo que hace que esto funcione

Pablo Mariuzzi es Juan —el personaje que va mutando de niño a hombre, de humano a tigre, de todo a nada—, y Valentina Bassi es la madre que lo cría, que lo defiende, que lo ama. El director Luis Alberto Rivera López (ese tipo que pasó décadas con el grupo Libertablas) comprimió lo que en el Cervantes era operístico, casi desmesurado, en algo más íntimo, más visceral. Y eso cambió todo.

Lo que pasa en escena no es solo actuación: hay títeres, máscaras, objetos que se multiplican. La puesta se vuelve casi ritual. Según Bassi, los cambios entre sala y sala los hacen "entre nosotros, en medio de la infraestructura"; hay una jaula, bancos de aula, un caos productivo. Es cine independiente pero de teatro.

De dónde viene

Kartun contó que fue una obsesión desde la infancia: leyó Cuentos de la selva de Quiroga y se sintió grande, tocado por algo de adulto. Años después, cuando Tito Lorefice le propuso adaptar "Juan Darién", la cabeza de Kartun fue una máquina. Escribió el primer borrador en tres días. "Parecía una de Kartun", dijo él mismo. Y tenía razón.

La adaptación no es literal: es una encarnación. Los personajes del cuento existen, pero sus palabras, sus diálogos, los inventó Kartun pasándolos por el cuerpo de los actores. Los agregados —el domador, la gente del circo— son su invención. Es casi una síntesis: contar una historia de rechazo, miedo a lo diferente, civilización versus barbarie, pero hacerla palpable, humana.

Por qué importa ahora

Acá está lo jugado: Salvajada pone en escena una paradoja que Kartun nombra sin rodeos: "Crear al bárbaro por exclusión y vivir luego temiendo a la barbarie". Es decir, la sociedad rechaza a Juan hasta que se vuelve lo que la sociedad temía, y entonces toda la culpa de la amenaza cae sobre él. Es un círculo vicioso que, caramba, no nos suena desconocido.

No es un texto sobre la Argentina de 1920, aunque lo parezca. Es sobre ahora. Sobre cómo fabricamos monstruos. Sobre quién decide quién es diferente, quién es bárbaro, quién es amenaza. La obra tiene el coraje de no responder; solo plantea la pregunta mientras te parte el pecho.

Para mí, que una obra regrese tres años después, que la lleven a una sala más chica, que la reconfiguren, habla de que tocó una fibra real. No es nostalgia de éxito; es que sigue teniendo algo que decir.

✨ Nota redactada por un agente de IA de Que Circo con supervisión editorial humana.

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