La verdad, una se queda sin palabras. La inseguridad nos golpea una y otra vez, y esta vez le tocó a un pibe de solo 23 años que volvía a su casa después de entrenar. ¿El "delito"? Querer escapar de dos motochorros que lo interceptaron. Lo mataron de un tiro por la espalda para robarle la moto. Una tragedia que te deja el corazón en la mano.
El hecho ocurrió en José C. Paz, en Argentina, y la noticia nos llegó ayer, el 8 de septiembre. Según lo que se sabe, el joven iba en su moto tranquilo, como cualquier día, cuando de repente le salieron al cruce dos tipos en otra moto. Y acá viene lo peor: ¡estaban vestidos como repartidores de PedidosYa! O sea, ya ni se puede confiar en la gente que anda trabajando, porque los delincuentes usan cualquier careta para hacer de las suyas. El pibe, en un intento desesperado por salvarse y no perder su vehículo, intentó huir. Pero estos cobardes no dudaron: le dispararon por la espalda. Un único tiro, que fue fatal. Después, le robaron la moto y huyeron como si nada.
La impunidad que indigna y nos toca de cerca
Este tipo de noticias, aunque pasen en la vecina Argentina, nos tocan el alma acá en Paraguay. ¿O acaso no vemos todos los días casos similares en Asunción, en Ciudad del Este, en Encarnación? Los motochorros son una plaga que parece no tener fin, y la impunidad con la que actúan es lo que más bronca da. Un joven con toda la vida por delante, que se esforzaba yendo al gimnasio, que tenía sus planes, sus sueños, truncados de la manera más cruel y estúpida. ¿Por qué? Por un pedazo de metal, por una moto que, al final del día, es solo un objeto. La vida de un ser humano, para esta gente, no vale nada.
Y lo de los disfraces de repartidores ya es el colmo. ¿Hasta dónde vamos a llegar? Ya no es solo el miedo a que te roben, sino a quién te roba y cómo. Se pierde la confianza en todo, en el que te trae la comida, en el que pasa por la calle. Es un clima de terror que nos rodea y que nos hace pensar dos veces antes de salir, de usar el celular, de manejar. Y lo peor es que parece que no hay solución a la vista. Las autoridades hacen lo que pueden, o lo que dicen que pueden, pero la realidad es que seguimos lamentando vidas, seguimos llorando a nuestros jóvenes por la avaricia y la violencia de unos pocos.
Mi corazón roto por esta tragedia sin sentido
Como Chuchi Vera, me indigna profundamente esta noticia. No puedo entender cómo la vida de una persona puede valer tan poco para otros. Un pibe de 23 años, con todo un futuro por delante, que termina así por culpa de unos delincuentes sin escrúpulos. Para mí, esto es un reflejo de una sociedad que está enferma, donde la violencia se naturalizó y la vida ya no tiene el valor que debería. Me rompe el corazón pensar en la familia de este joven, en el dolor inmenso que deben estar sintiendo. No hay palabras de consuelo que alcancen para una pérdida tan absurda y violenta. Ojalá que, al menos, la justicia actúe y estos asesinos paguen por lo que hicieron. Pero la vida de este pibe, lamentablemente, ya no se recupera. Y eso es lo que más duele.


