Gilberto Gil, el legendario músico brasileño, siempre fue visto como una especie de divinidad intocable, un referente de la resistencia cultural y el Tropicalismo. Pero, ¡sorpresa! Una nueva biografía amenaza con bajarlo del pedestal y mostrar un lado mucho más humano, y contradictorio, del artista. "Nem Tanto Esotérico Assim" es el título del libro escrito por Tom Cardoso, y por lo que se ve, viene con la cuchilla afilada.
¿Qué revela el biógrafo sobre el padre de Gil?
El dato más explosivo que trae el libro es una paradoja familiar que te deja pensando. Resulta que, mientras Gilberto Gil estaba exiliado en Londres entre 1969 y 1972, después de ser preso por la dictadura militar brasileña, su padre, el médico Gil Moreira, ¡era un ferviente defensor del golpe de 1964! Y no solo eso, sino que festejó la llegada al poder del general Emílio Garrastazu Médici, conocido por ser el más duro de los presidentes militares. Imaginate esa cena familiar, si es que la hubo. Cardoso, en entrevista con Metrópoles, contó que este fue el hallazgo que más lo impactó y por eso lo usó para arrancar el libro.
¿Cómo reaccionó Gil ante esto?
Lo más llamativo, según el biógrafo, es que Gilberto Gil nunca confrontó públicamente a su padre por sus posturas políticas. El autor revisó todo y no encontró declaraciones donde el músico criticara a Gil Moreira. Al parecer, en las pocas veces que lo mencionó, lo hizo con respeto, sin una pizca de reproche. Para Cardoso, esto es clave para entender el temperamento de Gil, que describe como alguien que "nunca cuestiona de forma muy contundente las cosas". Yo, Milena Sosa, que me dedico a los chismes de celebridades, tengo que decir que este dato me voló la cabeza. Es fácil imaginarse a un artista como Gil, tan comprometido con su tiempo, enfrentando a su familia por principios. Pero no, parece que el "patrimonio vivo de la música brasileña" tenía sus zonas grises.
¿Es Gilberto Gil menos "esotérico" de lo que pensamos?
La idea central de Cardoso es desmitificar a Gilberto Gil. Él reconoce la inmensidad de su legado, pero insiste en que ser un genio no lo hace inmune a las contradicciones. "Cuando hablo de ese lado 'isentão' de Gil, de la pasividad en relación a algunos asuntos y pasajes históricos, mucha gente me cuestiona", dice el biógrafo. Y claro, ¿quién se atreve a tocar a un ídolo? Pero Cardoso lo tiene claro: "No es tan esotérico así", revela un Gil más humano, con sus miedos y sus momentos de duda, como cuando incluso consideró dejar la música, antes de crear himnos como "Palco". Para mí, esta biografía llega en un momento justo. Es bueno recordarnos que hasta los más grandes son personas de carne y hueso, con sus claroscuros. Y si bien la figura de Gil es enorme, ponerle un poco de pimienta a su historia no le quita mérito, solo lo hace más interesante y, sí, más humano. ¡Quiero leer ese libro ya!


