¡Qué año aquel 2014! Todavía me acuerdo de cómo nos dejó a todos con la boca abierta el caso de Solange Magnano. Ella, la ex Miss Argentina, una belleza, una figura... y de repente, ¡puf!, se nos fue por una operación de glúteos. ¿Quién iba a decir que algo tan 'simple' iba a terminar en semejante drama?
La Solange era de las que brillaban, ¿viste? Siempre impecable, elegante. Y la verdad, nadie se esperaba que una lipoescultura terminara en un paro cardíaco. Fue un shock para todos, especialmente para sus hijos y su marido. Pero como si no bastara con el dolor de la pérdida, ahí nomás empezó otro circo, uno que a mí, Doña Chola, me hizo agarrar la cabeza.
La herencia de una modelo y la pelea de los pesos pesados
Porque claro, Solange, además de su carrera como modelo, tenía una agencia de modelos que llevaba su nombre. Y ahí es donde la cosa se puso peliaguda. Ricardo Piñeiro, que había sido su representante en los inicios y con quien tenía una relación de amistad y trabajo, salió a decir que él era el heredero natural de la agencia, que ella se lo había prometido, que era su voluntad. ¡Imaginate el revuelo! Piñeiro, que no es de quedarse callado, no dudó en salir a los medios a reclamar lo que él sentía que le correspondía.
Pero el marido de Solange, Gustavo, no se quedó atrás. Él era el heredero legal, el que tenía los papeles. Y ahí arrancó la guerra. Acusaciones cruzadas, declaraciones picantes en la tele, en las revistas. Que si Piñeiro quería aprovecharse de la situación, que si el marido no valoraba el trabajo de Solange... ¡Un verdadero escándalo!
Y para condimentar más la ensalada, ¿quién apareció por ahí? ¡Nada menos que Pancho Dotto! Otro peso pesado del modelaje, que también había tenido a Solange en su staff en algún momento. Dotto, con su estilo más tranquilo pero igual de picante, salió a opinar, a dar su punto de vista, a decir que era una lástima que el legado de Solange se viera empañado por esas disputas. Un verdadero triángulo de titanes de la moda, cada uno defendiendo su postura a capa y espada.
Al final, la justicia fue la que tuvo que poner orden. Y como siempre pasa en estos casos, la ley es la ley. El marido de Solange fue quien quedó al frente de la agencia, como correspondía legalmente. Pero el sabor amargo de la disputa quedó flotando en el aire por mucho tiempo. Una tristeza, ¿eh? Que una vida tan linda se apagara así, y que después de la tragedia, viniera la polémica por la plata y el poder. Así es la farándula, mi amor. Siempre lista para darle una vuelta de tuerca más al drama.