La crisis bancaria que sacudió al país no solo rompió bolsillos de gente común. También metió la mano en las arcas del fútbol, y Olimpia está en primera línea de fuego. Rodrigo Nogués, el mandamás del club franjeado, no se guardó nada antes del partido contra Guaraní: la rabia, la frustración y la sensación de que pusieron confianza en gente que los traicionó de lleno.
"Muchos de nosotros creímos en gente que decía querer lo mejor para el país, y esto daña la credibilidad de todas las instituciones", largó Nogués desde Encarnación. No es solo un comentario de cancha; es el grito de alguien que vio evaporarse inversiones a futuro, contratos con esa empresa que se fue al tacho y, peor aún, los ahorros personales de futbolistas que no tenían nada que ver en la movida.
Un tendal de víctimas que el fútbol no merecía
El fútbol paraguayo está acostumbrado a penurias: deudas, sueldos atrasados, abandono de la gente. Pero esto es diferente. No es incompetencia administrativa ni malas decisiones de un dirigente; es que le sacaron la alfombra desde afuera. Olimpia cuenta entre los damnificados, Nogués también, y hay jugadores que perdieron parte de su patrimonio en esto.
Lo que más duele al presidente es otra cosa: los que no tienen la culpa están siendo maltratados. Hay gente inocente cargando con el muerto de una estafa que no cometieron.
La credibilidad, el peor daño
En realidad, la plata se recupera. Los contratos fallidos se rehacen. Pero la confianza, esa es más difícil de pegar. Nogués sabe que el fútbol necesita que alguien llegue al fondo de esto y limpie nombres. Sin eso, todo sigue siendo barro.


