Hay famosos que se van a spas caros en Europa, otros que meditan en retiros espirituales de yoga, y está Marcia Ramírez que encontró su nirvana en una caña de pescar, un asado humeante y la orilla del río Paraguay. Sin pretensiones, sin influencers cercanos documentando cada segundo. Solo ella, la naturaleza y una cerveza bien fría.
La actriz nacional contó en sus redes que la pesca es, para ella, la terapia definitiva. No es un capricho de temporada: dice que desconectar de "las cosas superficiales y de todos los problemas" es lo que le devuelve la paz. Y tiene un punto. En una época donde cualquier famoso anda ansioso por estar online, por repostear, por responder comentarios, la idea de meterse al río sin señal suena casi revolucionaria.
De la movida al río: cuándo empieza la verdadera desconexión
El gusto por la pesca no es algo que se le ocurrió de un día para otro. Ramírez lo heredó de la familia y amigos cercanos, ese círculo que en la farándula casi no existe. Dice que prefiere ir en grupo, con amigas, porque ir sola al río "no da gusto". Tiene sentido: la idea no es sumergirse en la soledad existencial, sino en esa relajación genuina que solo se consigue entre gente de confianza.
Su spot favorito es el río Paraguay en Puerto Antequera, lugar donde va una vez al mes, un domingo tranquilo, a ver vistas, disfrutar de la gente y—lo más importante para ella—estar en el río. Es el tipo de rutina que uno no espera que una actriz haga pública. Ni influencer, ni postureo. Solo alguien que descubrió que el antídoto para el ruido mediático está donde menos lo buscan: en el asado, la naturaleza y la compañía correcta.
Qué diferente sería el mundo de la farándula si más gente entendiera esto.


