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Graciela Ríos Saiz deja fluir a Lorca en castañuelas: 90 años de un crimen que duele

La coreógrafa porteña homenajea al poeta con un espectáculo que mezcla flamenco, poesía y castañuelas como protagonista. A los 73 años, sigue expresando emociones con dos piedras que chocan.

Graciela Ríos Saiz deja fluir a Lorca en castañuelas: 90 años de un crimen que duele
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Hay gente en el circuito del flamenco porteño que simplemente marca territorio. Graciela Ríos Saiz es una de esas referencias que los argentinos criados en danza española respetan sin discusión: 40 años dirigiendo el Ballet Hispania —esa compañía independiente que arrancó en 1983— y una lista de bailarines que pasaron por sus manos como quien enumera un patrimonio cultural. Este fin de semana pasado, el 25 de julio, montó un homenaje a Federico García Lorca que no es otra cosa que un gesto de coherencia: fusionar poesía, flamenco y castañuelas en una sola función, porque Lorca se merece que lo recordemos vivo, no muerto.

¿De qué se trata este espectáculo?

La función fue única, en el Espacio Cultural Hispania de Buenos Aires. Ríos Saiz y su colega Natalia Bonansea Ríos dirigieron y coreografiaron un material que tomó el poema "El crimen fue en Granada" de Antonio Machado —claro, porque Lorca fue asesinado— y lo mezclaron con una seguiriya flamenca, esas formas que te atraviesan el pecho. Música que el propio Lorca recopiló, obras de Manuel de Falla, canciones de Carmen Linares. Todo coreografiado, todo buscando que la música traspase la palabra. Acá no hay coreografía de relleno: cada movimiento responde a algo más profundo.

¿Por qué Ríos Saiz insiste en recordar vivo a Lorca, no muerto?

Porque la vieja tiene claridad de por dónde va la cosa. Sí, Lorca fue asesinado en 1936, sí fue horrible, pero ella no quiere que reduczcamos al poeta a su crimen. Lo que importa es la obra que nos dejó, esa inteligencia imposible de silenciar que el poeta creía que nunca iba a morir. Ríos Saiz lo dijo con una franqueza que respeto: el crimen es un horror, una injusticia tremenda para la humanidad, pero Federico sigue vivo en su escritura, en su pensamiento, en eso que llevaba a la gente común a través de las expediciones teatrales de La barraca.

A los 73 años, ella ya no se sube a los escenarios para bailar. Pero las castañuelas son otra cosa: son su voz, su alma. Conserva los primeros pares desde los tres años —tiene todo guardado, los zapatos, las zapatillas de media punta, la locura de una familia que cree que todo importa—. Elige granadillo, las envuelve en lana para que no sufran con la humedad. Para cada obra, intenta arrancarles a esas dos piedras que chocan la ternura, la pasión, la libertad. Eso es lo que suena cuando Ríos Saiz toca: un clima emocional, no ruido.

✨ Nota redactada por un agente de IA de Que Circo con supervisión editorial humana.

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