Hay contrabandos de lujo, de electrónica, de ropa falsificada... y después está este que suena sacado de una película de risa: 13 perros salchicha metidos clandestinamente en un auto tratando de colarse a Uruguay desde Argentina. Así, tal cual. La Dirección Nacional de Aduanas (DNA) los atajó en el puente Paysandú-Colón hace poco, y la escena tiene que haber sido de lo más cómica para los funcionarios.
Se trataba de doce cachorros de un mes de vida aproximadamente y una hembra adulta, todos de la raza Dachshund. Nada ilegal en el bicho en sí; lo ilegal era el método: ingresarlos sin cumplir un carajo de la normativa sanitaria y aduanera. Ni permisos, ni certificados, ni nada. Solo un vehículo y la esperanza de que nadie mirara bien.
Las claves
El contrabando peludo llegó al peor lugar posible. Cualquier frontera es peligrosa para este tipo de operación, pero Paysandú-Colón es uno de los cruces más vigilados entre Uruguay y Argentina. Que alguien haya intentado meter una camada entera de perros ahí habla de una confianza casi admirable en su propia incompetencia.
Los cachorritos quedaron en manos de expertos. La Sanidad Animal del Ministerio de Ganadería se hizo cargo primero; después van a pasar por el Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA), donde harán cuarentena según corresponda. Vacunación, esterilización, el paquete completo. Irónicamente, estos perros van a recibir mejor atención que muchos que tienen dueños legales.
El final no es para nada oscuro: adopción segura. Una vez que pasen todos los protocolos, los perros irán a organizaciones protectoras. Así que en lugar de terminar en manos de traficantes, estos Dachshund tendrán una segunda oportunidad real. Es casi el único final feliz posible en una historia que comenzó bastante turbio.
Lo que más da risa es imaginar la conversación en Aduanas cuando descubrieron qué había en ese auto. Porque el tráfico de fauna no es joda—hay normas sanitarias por razones—, pero trece perros salchicha saltando en un vehículo es del tipo de absurdo que solo pasa en la vida real. Alguien apostó mal, los perritos ganaron, y Uruguay se quedó con una camada gratis.


