Hay victorias que son solo números en una tabla de posiciones, y hay otras que pesan más. La de Valentín Yankelevich en TC2000 el fin de semana pasado en General Roca fue de esas segundas. No es solo que el pibe se llevara su primer triunfo en la categoría, sino cómo eligió recordar a su madre en ese momento.
Romina Yan falleció hace poco más de un año, y el duelo es de esos que no se cierra con facilidad. Cuando Valentín cruzó la meta, lo primero que hizo fue dedicar el triunfo a ella. Ni siquiera esperar a bajar del auto: la emoción salió. Aseguró que sintió su compañía durante toda la competencia, una de esas frases que suenan a tópico hasta que las dice alguien que perdió a su madre.
¿Qué tienen en común las victorias personales y los duelos públicos?
Acá está lo interesante: Valentín no está en el espectáculo como tal, pero viene de una familia que vive bajo reflectores. Su madre fue una figura del entretenimiento argentino, y él eligió el deporte como su camino. Es diferente, pero la presión sigue siendo la misma: cualquier logro suyo termina siendo noticia. Y lo más importante es que pareció genuino, sin poses. Solo un pibe ganando una carrera y extrañando a su vieja al mismo tiempo.
¿Por qué esto importa fuera de la pista?
Porque en un mundo donde todo se mueve por likes y post inesperados, Valentín hizo algo simple: rendir homenaje a quien se fue mientras persigue lo suyo. No es una estrategia de marketing ni un stunt para la cámara. Es un tipo que ganó algo que trabajó para ganar y quiso que su madre lo supiera. Eso es lo que se llama tener los pies en la tierra en medio de la vorágine.


