¡Ay, mamita querida! Si hay una pareja que hizo que el término 'relación tóxica' pareciera un picnic en el parque, esa fue la de Madonna y Sean Penn. Y 1987 fue un año clave para que todo el mundo se diera cuenta de que el cuento de hadas que querían vender era más bien un drama de terror con toques de acción. La cosa es que el 2 de junio de ese año, el señor Penn, ya conocido por su temperamento de mecha corta, terminó tras las rejas.
¿Por qué? Por una agresión a un paparazzi, ¡claro! Es que los muchachos de la prensa los seguían a sol y sombra, y él, que ya venía con un historial de encontronazos con la prensa, explotó. El incidente ocurrió en un set de filmación en Macomb, Illinois, donde Sean estaba rodando la película 'Colors'. Un fotógrafo, de nombre Adrian F. King, se atrevió a retratar a la parejita, y Penn, ni corto ni perezoso, lo atacó. La cosa no quedó en un empujón: le pegó, le robó el equipo fotográfico y, para colmo, lo colgó de los tobillos desde un balcón del noveno piso. ¡Sí, escuchaste bien, DOÑA CHOLA no miente! Por suerte, no lo soltó, pero el susto fue mayúsculo.
El 'Bad Boy' de Hollywood y la Reina del Pop
Este episodio no fue un caso aislado, sino la gota que colmó el vaso de una relación que siempre estuvo bajo el microscopio. Desde que se casaron en 1985, el huracán Madonna-Penn era noticia constante. Él, el actor talentoso pero con fama de chico malo y violento; ella, la estrella pop que rompía todos los moldes. Juntos eran dinamita pura. Las peleas eran públicas, los rumores de violencia doméstica, también. Y la prensa, obviamente, no les daba tregua.
La agresión al paparazzi le valió a Sean Penn una condena de 60 días de cárcel, de los cuales cumplió 33. Este no fue su primer arresto por agresión, y tampoco el último encontronazo con la justicia, pero este en particular, por la gravedad y por involucrar a un fotógrafo en un momento de máxima exposición de su matrimonio con la diva, fue un escándalo de proporciones. La imagen de Penn esposado y Madonna intentando defenderlo o, al menos, capeando el temporal, quedó grabada en la memoria colectiva. A partir de ahí, la relación siguió en caída libre, culminando en su divorcio en 1989. Una historia de amor intensa, sí, pero también un recordatorio de que ni todo el glamour del mundo puede esconder los demonios personales. ¡Y menos de la prensa, mi amor!