El 8 de diciembre de 1980 fue un día que cambió la música para siempre. John Lennon, el beatle rebelde, el que dijo que los Beatles eran más famosos que Jesús, el activista pacifista que cantaba "Imagine", salía de su departamento en el edificio Dakota de Nueva York cuando Mark David Chapman, un fan obsesionado, le disparó cuatro veces en la espalda.
Chapman había estado merodeando el lugar durante días. Llevaba una copia de El guardián entre el centeno en el bolsillo y una pistola calibre .38. Cuando Lennon regresaba de grabar en el estudio, Chapman se le acercó y disparó. Lennon cayó en el vestíbulo del edificio y murió pocas horas después en el hospital.
La conmoción global
La noticia explotó como una bomba. Multitudes se reunieron frente al Dakota, llorando, cantando canciones de los Beatles, dejando flores. En Times Square, la gente se abrazaba llorando. Era como si hubiera muerto un amigo cercano. La radio no dejaba de pasar "Imagine" y "All You Need Is Love". Los gobiernos emitieron comunicados. Paul McCartney dijo que se sentía "conmocionado y triste". Yoko Ono, su viuda, liberó un comunicado pidiendo paz.
Chapman fue detenido en el lugar. Dijo que mató a Lennon porque el cantante era un "falso" y porque su música había influido en él de formas que no podía controlar. La obsesión, la paranoia, la distorsión de la realidad: todo estaba ahí. Chapman sigue en prisión hasta hoy.
El legado de una bala
Ese disparo cerró una era. Los Beatles nunca volverían a reunirse. Lennon tenía 40 años. Acababa de lanzar su álbum Double Fantasy unas semanas antes con Yoko, mostrando que seguía siendo un artista vigente. Tenía planes, proyectos, ganas de tocar en vivo de nuevo. Todo se borró en un instante.
Lo irónico es que Lennon, el que predicaba la paz, murió por la violencia. El que cantaba "All You Need Is Love" en un mundo quebrado fue silenciado por un joven trastornado. En 1980, perdimos uno de los artistas más influyentes del siglo XX. Y el mundo descubrió que ni siquiera los iconos de la paz están a salvo.