Dos hombres de 23 y 28 años, en situación de calle, murieron el viernes pasado cuando un árbol de gran porte cayó sobre el refugio donde dormían, en la zona del parque Burnett, cerca del cementerio de Maldonado. El impacto fue letal para ambos, según determinó el médico forense.
La escena es de esas que duele: un colchón, mantas, nylon. Un refugio armado debajo de las ramas mientras, a metros de distancia, una empresa privada contratada para un fraccionamiento hacía sonar motosierras, camiones y maquinaria desde temprano. El árbol cayó alrededor de las 10 de la mañana. El ruido de las máquinas ahogó todo. Los trabajadores no se percataron de que había gente debajo.
Pasaron horas. Recién cuando empezaba a caer el sol, vecinos de la zona vieron prendas de ropa y una bolsa de nylon entre las ramas. Al revisar, encontraron al primero de los hombres, ya sin vida. La Policía llegó después y halló al segundo también debajo del árbol.
Lo que sigue bajo investigación es crucial: cómo operaba esa empresa, qué medidas de seguridad implementó antes de talar árboles de ese tamaño y si alguien realizó un relevamiento del perímetro. Personal de Policía Científica recolectó evidencia en la escena. El caso continúa abierto para determinar las circunstancias exactas de los trabajos y las responsabilidades involucradas.
Las víctimas habían estado antes en un refugio en la Ruta 39, pero se trasladaron a este sitio más apartado del centro. Un lugar donde nadie los veía. Donde nadie fue a revisar si alguien dormía debajo antes de dejar caer un árbol.


