Esto no es farándula, pero a veces la realidad supera cualquier guion de crimen. Dos sujetos —de 21 y 52 años— fueron detenidos en Montevideo por una serie de asaltos a taxistas que funcionaba con la precisión de un reloj roto. Entre el 24 de agosto y el 3 de agosto, ejecutaron cuatro robos con el mismo libreto: suben al taxi en la Terminal Tres Cruces, piden ir a la Escuela Nacional de Policía, y en el camino desvían hacia Camino Maldonado. Ahí, arma en mano, desvalijan al conductor.
Un robo tan previsible que los atraparon en tiempo real
Tres denuncias llegaron primero. Los taxistas se animaron a reportar lo que pasaba. Pero acá viene lo jugoso: el cuarto asalto ocurrió mientras la policía ya investigaba. Es decir, estos muchachos siguieron con su rutina delictiva sin enterarse de que ya estaban en la mira. Eso explica por qué cayeron tan rápido.
El arsenal que incautaron dejaría a cualquiera pensando. Dos revólveres calibre 38 (uno de ellos buscado por otro caso en Lavalleja), un arma calibre 22, una réplica de aire comprimido, municiones, ropa y celulares. En otras palabras: armados hasta los dientes para robar unos pesos a gente que labura 12 horas por día. La desproporción es tan evidente que casi duele.
Este no es el tipo de chisme que movemos en Que Circo, pero hay algo de la farándula en todo esto: la torpeza de creer que nadie se da cuenta, la ausencia total de creatividad criminal y ese final predecible donde los malos terminan en cana. Ni los peores guionistas se atreverían a un plan tan simple.


