Cerro Porteño se fue del torneo como vinieron muchos: jugando bien, pero sin poder meter la pelota donde importa. Ante Palmeiras, en un partido que pudo haber sido de los nuestros, llegó un gol de cabeza de Gustavo Gómez en los últimos minutos antes del descanso y eso selló la historia. Uno a cero. Clasificación verdao. Eliminación Ciclón.
Un partido donde Cerro controló pero no convirtió
El equipo de Acevedo anduvo bien en el primer tiempo, presionando, sin dejar respirar a Palmeiras. Los brasileños apenas podían hilar tres pases seguidos. Pero vino esa pelota parada, el córner que lanzó Arias impecable, y Gómez —el defensor que más goles hace en la Libertadores— remató certero. Así nomás. Una sola llegada de Palmeiras y gol.
En el segundo acto, Cerro tuvo al menos tres ocasiones claras. Vegetti estuvo fantasma casi todo el partido, pero en los últimos minutos apareció con la chance del empate: buen tiro, pero el arquero rapai metió una tapada que podría haber sido de película. Eso es la Libertadores: vos jugás bien, generás, presionás, pero si no concretás cuando toca, la lluvia, la mala puntería y la suerte ajena se ponen en contra.
El Ciclón se queda con lo que hizo bien
Mirá, Cerro no fue a Brasil a regalar nada ni volvió a Asunción derrotado por la diferencia de recursos. Jugar así, controlando, sin dejarse amedrentar por un equipo de la talla de Palmeiras, tiene mérito. Lo que faltó fue pulir los detalles: centros más precisos, combinaciones más fluidas arriba, esa puntería que a veces marca la diferencia entre avanzar o irte a casa. La lluvia también jugó su parte, claro, pero en la Libertadores lluvia hay siempre.
Gustavo Gómez se vuelve a casa con otra de esas tardes donde el éxito llega por donde menos te lo esperás: un cabezazo defensivo que se convierte en gol de clasificación. Y Cerro, bien, cierra una campaña que pudo haber sido gloriosa pero quedó en promesa.


