Agustín Almendra tenía cartel de estrella cuando se bajó del avión en Asunción. Pasado en Boca, campeón con Racing en la Copa Sudamericana (precisamente en La Nueva Olla, ante Cruzeiro), el mediocampista llegaba como la respuesta ofensiva que Cerro necesitaba. Ariel Holan lo pidió a gritos. Los hinchas ya lo veían metiendo lujo en el medio campo.
Dos partidos después, la historia cambió de signo.
Del cuento de hadas al banquillo sin piedad
Almendra no levantó en su debut con el tricolor. Lejos de brillar como se esperaba, mostró un nivel que poco tiene que ver con lo que lo hizo famoso en el fútbol argentino. Y Holan, que lo trajo bajo presión, no dudó en sacarlo de la lista para los octavos de la Libertadores contra Palmeiras.
Cuando Conmebol autorizó cinco cambios en los planteles coperos, todos miraban a ver si el flamante refuerzo se colaba. No. Almendra quedó afuera junto a Ángel Martínez y Derlis Rodríguez. El mensaje fue cristalino: el DT no le vio condición física ni criterio para jugar contra los paulistas. En su lugar entraron Roffo (arquero), Ramírez y Merolla (defensores) y Cañete y Gamarra (mediocampistas).
Acá en Paraguay los refuerzos de lujo tienen que bancar el mismo criterio que en cualquier lado: si no rinde, se va al banco. Y se lo dice en la cara, sin filtros. Holan no le debe nada al pedigree de nadie; lo que le importa es quién lo ayuda contra Palmeiras el próximo miércoles en São Paulo.
La revancha será en La Nueva Olla una semana después, el miércoles 19. Para entonces, Almendra tendrá dos opciones: meterse de cabeza en los entrenamientos y pelear por entrar, o aceptar que este viaje al fútbol paraguayo no le está saliendo como imaginaba.
Llegar como esperanza y irse al banco en dos partidos no es el guion que cualquier jugador sueña. Pero así funciona: en el fútbol, la reputación dura lo que tu último partido. Y Almendra, por ahora, tiene tarea.


