¡Ay, mamita querida! Si hay un año que el clan Maradona nos tuvo a todos comiendo de la mano, ese fue el 2001. Diego, que ya estaba en la cuerda floja con su salud y sus idas y venidas, sumó un capítulo más a su saga de amores y desamores. Pero esta vez, el drama no venía de una amante, sino de un hijo que ya no era un bebé: Diego Jr.
Imaginate la escena: un pibe de 15 años, idéntico a su padre, reclamando a gritos en todos los medios italianos (y después, los argentinos) que quería conocer a su papá. Y el papá, ¿qué hacía? Se hacía el distraído, el que no lo conocía, el que no tenía nada que ver. ¡Pero si la genética no miente, che!
La visita que no fue y el escándalo mundial
El punto álgido de este culebrón llegó a mediados de 2001, cuando Diego Maradona estaba en Cuba, supuestamente recuperándose. Pero la prensa italiana, que siempre fue más papista que el Papa con el Diez, empezó a publicar que Diego Jr. y su mamá, Cristiana Sinagra, iban a viajar a La Habana para un reencuentro histórico. ¡Bomba! Los medios de acá se hicieron eco, y la expectativa era total.
¿Qué pasó? Diego, el Diego de ese entonces, se hizo el duro. No quiso saber nada. La presión mediática era brutal, y él, fiel a su estilo, se atrincheró. La imagen de Diego Jr. llorando en televisión, pidiendo ver a su papá, le dio la vuelta al mundo. Fue un golpe bajo para la imagen del Diez, que ya venía bastante golpeada.
Claudia Villafañe, que para ese entonces ya estaba separada de Diego pero seguía siendo su sombra, salió a bancar a sus hijas, Dalma y Gianinna. Ellas, que eran las 'hijas legítimas', no entendían por qué su papá no reconocía a su hermano. La interna familiar era un hervidero, y los programas de chimentos hacían su agosto.
¿Qué quedó de todo esto?
La novela de Diego Jr. y Maradona duró años, décadas, en realidad. Recién mucho tiempo después, y con mucho dolor de por medio, Diego Maradona terminó reconociendo a su hijo. Pero ese 2001 fue el año en que la historia de Diego Jr. dejó de ser un secreto a voces para convertirse en un escándalo público que puso en jaque al mismísimo Maradona.
Fue la muestra de que, por más ídolo que seas, la vida privada siempre te alcanza. Y en el caso de Maradona, siempre fue un show aparte, con más drama que una telenovela venezolana. ¡Y que lo digan si no sus hijos, que siempre fueron parte de este sainete!