A veces el chimento se vuelve tragedia. Una pelea entre pareja que escaló de manera irreversible: Luz Victoria Cantero, de 25 años, fue detenida en Resistencia (Chaco, Argentina) tras confesar que mató a puñaladas a su novio, Matías Julián Álvarez Guardia, de 29 años. Todo ocurrió durante la madrugada del domingo pasado, tras regresar juntos de un boliche.
Lo que llegó a oídos de la fiscal Ana González de Pacce fue un relato que duele: según Cantero, la discusión comenzó cuando volvían de salir. "Él me rompió el celular, yo me defendí, reaccioné y lo ataqué", fueron las palabras que la acusada expresó ante los policías que la custodiaban en el hospital. El arma utilizada fue un cuchillo Tramontina. Álvarez Guardia recibió varias puñaladas, una de ellas en el cuello, que le fue fatal antes de llegar al Hospital Perrando.
Lo que me estremece no es solo el desenlace, sino cómo la violencia cotidiana —un celular roto, una discusión después de un boliche— se convirtió en irreversible. Nadie despierta pensando que esa noche va a ser la última. Nadie.
Cuando la relación se quiebra como el celular
La investigación reveló detalles que pintan una escena caótica: la vivienda completamente desordenada, objetos rotos por todos lados, manchas de sangre en distintos ambientes. Los vecinos escucharon la fuerte discusión y los gritos durante la madrugada. Después de ser herido, Álvarez Guardia logró llamar al hermano de Cantero, Sebastián, que es médico. Cuando llegó encontró a su hermana con las manos ensangrentadas y en estado de shock, y al joven desvanecido.
Aquí está lo que más duele: no había denuncias previas de violencia de género en contra de Cantero. Lo que sí existía era una denuncia del 2025 que él presentó contra ella por daños en su vehículo tras otra discusión, pero esa causa fue archivada porque él decidió no continuar. ¿Cuántas veces pasó algo parecido antes de esa madrugada? ¿Cuántos roces, cuántos gritos?
Candero permanece detenida y enfrenta la posibilidad de una condena a prisión perpetua. La Justicia espera los resultados de la autopsia y las pericias del cuchillo, los celulares y otros elementos secuestrados. Pero lo que ya no se puede peritar es cuándo exactamente una relación tóxica —porque esto huele a tóxico, aunque la fuente no lo diga así— cruzó la línea entre destructiva y letal.
No es chisme de farándula, es un caso que duele porque podría ser cualquiera de nosotros: una pareja, una discusión que escala, una reacción que no tiene vuelta atrás. La diferencia entre gritar y atacar, entre llorar de rabia y actuar con un cuchillo en la mano, a veces es solo un segundo.


