Iliana Calabró no aguantó más el hermetismo y decidió hablar. Su novio, el empresario Luis Alberto De Stefano, lleva diez días internado por un cuadro de EPOC y neumonía, y la situación que enfrenta la pareja es, según sus propias palabras, delicada. La actriz y conductora, acostumbrada a brillar en pantalla con soltura, se mostró vulnerable esta vez: el amor y la preocupación ganaron.
No es fácil ver a una figura pública lidiar con una crisis sanitaria de su pareja. Calabró eligió salir del mutismo y contar cómo están las cosas en la intimidad, lejos de los reflectores. Eso habla de alguien que necesitaba desahogar la angustia.
Una pareja en tormenta
La relación entre Calabró y De Stefano ha sido relativamente discreta en los últimos tiempos, aunque ambos han compartido momentos juntos sin hacer ruido mediático. Ella, volcada en su carrera televisiva; él, en sus negocios. Pero la salud no entiende de agendas públicas ni de privacidad.
El EPOC y la neumonía son condiciones serias que requieren atención intensiva, especialmente en casos complicados. Diez días de internación sin poder estar del lado de quien amás debe ser un calvario para cualquiera, pero más aún para alguien que está acostumbrada a controlar y conducir situaciones frente a una cámara.
El lado humano que no se ve en TV
Lo interesante acá es que Calabró permitió que viéramos su fragilidad. No es la conductora de talkshow que entrevista famosos ni la actriz que interpreta personajes. Es una mujer preocupada, esperando noticias, rezando en silencio. Eso tiene un peso que la farándula rara vez muestra sin filtros.
Desde Que Circo no podemos sino desearle una pronta recuperación a De Stefano y fuerza a Iliana en este momento duro. A veces, la vida te pone en perspectiva qué importa realmente, y resulta que no es el ratings ni el flash de las cámaras. Es la salud de quienes queremos, es la angustia de una espera sin certeza.
Esperemos que en los próximos días haya noticias más alentadoras. Calabró se merece verlo mejorar, y nosotros merecemos verla sonreír de nuevo sin ese nudo en la garganta que se le vio esta vez que habló.


