Fábricas Nacionales de Cerveza le metió un golpe bajo a sus trabajadores. La empresa anunció el cierre de la planta de Minas, donde laboran 59 personas, y la noticia cayó como un baldazo de agua fría en un departamento donde esa fábrica lleva décadas pisando fuerte.
Federico Sena, representante sindical, no tuvo vueltas para describir el clima: "Es un día de desazón y tristeza para nosotros". Y el tipo tiene razón. En 2024 habían renegociado un plan de reestructuración, aceptaron trabajar con la mitad de la plantilla y entendieron que eso los aseguraba. Funcionó bien, dijeron. Y ahora FNC les dice: no, gracias, cerramos.
El atajo que nadie se esperaba
Lo que molesta no es solo la decisión: es cómo llegó. Los trabajadores creían tener un acuerdo firme. La empresa volvió a la mesa con el mismo cuento de siempre: competitividad, importados, el modelo no es sostenible. Pero después de haber hecho ajustes hace menos de dos años, que vuelvan a la carga suena menos como análisis y más como que en la cervecería ya tenían la cabeza en otra parte.
Minas perderá 59 empleos directos, pero el impacto es mayor. Alrededor de la planta funcionan otras empresas que le venden servicios, así que el circulante económico que FNC genera en el departamento es mucho más gordo de lo que parece en el papel.
Ochenta en la mira
Acá viene lo que duele: el sindicato advierte que no es solo Minas. Son 80 puestos en total los que están en riesgo si FNC adelanta también con cierres o despidos en Montevideo. Eso es casi un centenar de familias mirando un precipicio.
Para mí, lo que huele raro es el timing. ¿Hacés reestructuración en 2024, ves que funciona, y al año siguiente cerrás igual? Suena más a que la decisión ya estaba tomada y solo esperaban el momento. El sindicato tiene reunión tripartita la próxima semana; veremos si alguien pone paños fríos o si FNC se va derecho al cierre.


