El barrio de Melilla, al noroeste de Montevideo, fue escenario de un episodio digno de una película de acción que tiene a todo Uruguay hablando. Una ex policía, dueña de la casa donde trabajaba un repartidor de bebidas, no dudó en sacar el arma y disparar cuando vio que le estaban robando. ¿El resultado? Un presunto asaltante muerto en el lugar y el resto de la banda escapando.
Todo pasó en las inmediaciones de camino Fauquet y ruta 5. Varios delincuentes llegaron en moto –se dice que dos motos, pero todavía no está confirmado– para interceptar a un trabajador que volvía de hacer una entrega. Los ladrones, según la información preliminar, lograron sacarle el celular y otras pertenencias al repartidor. Pero no contaban con la presencia de la exfuncionaria policial.
A los tiros por el celular: ¿defensa propia o exceso?
En el momento exacto en que los asaltantes estaban con el repartidor, la mujer, cuya identidad no trascendió, intervino desde el interior de su vivienda. Sacó un arma y empezó a disparar. Uno de los hombres cayó fulminado en el acto, mientras que sus cómplices, sorprendidos por la reacción, se dieron a la fuga. Hasta ahora, no se sabe quién era el fallecido ni si los demás fueron identificados.
Este tipo de situaciones siempre abren un debate enorme y, para mí, este no va a ser la excepción. Por un lado, la gente aplaude la valentía de la mujer y su reacción ante un hecho de inseguridad que, lamentablemente, es moneda corriente. ¿Quién no está harto de que le roben y que nadie haga nada?
La línea delgada entre la defensa y la venganza
Pero, por otro lado, está la discusión sobre la justicia por mano propia. ¿Hasta dónde llega el derecho a defenderse y cuándo se cruza la línea? Una ex policía tiene entrenamiento y, se supone, un manejo distinto de estas situaciones. No es lo mismo que un civil asustado. Esto nos obliga a pensar en el límite, en si la respuesta fue proporcional al ataque o si se pudo haber evitado la muerte.
Este hecho en Uruguay, sin duda, va a seguir dando que hablar y, para mí, pone sobre la mesa una pregunta incómoda que nos interpela a todos, incluso acá en Paraguay: ¿estamos dispuestos a aceptar estas soluciones extremas frente a la inseguridad, o tenemos que exigir otras respuestas al Estado? El debate sobre la mano dura y el riesgo de un Far West sin ley no es ajeno a nuestra región, y este caso uruguayo nos lo recuerda con un chumbazo de realidad.


