Ayer pasó uno de esos momentos que justifican tener la tele prendida: Dora Ceria entró al set del noticiero del Trece como una de esas figuras espectrales que circulan en videos por Guarambaré, y Carlos Martini casi sale corriendo. No es chiste.
La cosa es que en redes explosionó un video de Guarambaré donde vecinos denuncian la presencia de cuatro personas caminando entre los cementerios durante la madrugada, vestidas como si fueran póras: túnicas blancas y negras, el cabello cubriendo el rostro, silencio absoluto. El clima es tan denso que dio para que se hable de brujería, fantasmas, lo de siempre cuando algo raro sucede en pueblo.
Dora decidió hacer una recreación en vivo y entró al estudio con la peluca larga, caminando lento, con ese aire de espíritu que nadie quiere ver a las tres de la madrugada. Carlos Martini no estaba avisado (o fingió no estarlo, que es lo mismo para la tele). Se levantó del asiento como si hubiera visto un póra de verdad, gritando que se iba, pidiendo ayuda a los camarógrafos y recordando lo de la cadera como excusa. El susto fue genuino o una actuación impecable, que en televisión es lo mismo.
Cuando el miedo de pueblo se cuela en la pantalla
Guarambaré lleva días en alerta por estos videos. Vecinos aterrorizados, teorías de todo tipo, el clásico pánico que genera lo inexplicable. Mientras el pueblo se cuestiona qué está pasando realmente, la tele lo convierte en entretenimiento, y la verdad es que funciona. Hay algo de verdadero riesgo o misterio ahí—cuatro personas, madrugadas, cementerios—que hace que un susto en vivo no sea solo un chiste tonto.
Lo que pasó en el Trece es lo que la farándula local necesita: tomar un tema que inquieta, llevarlo al noticiero y convertirlo en un momento televisivo que la gente comparte. No es un chisme de celebridades, pero tiene el mismo efecto: la gente habla, se ríe, se asusta un poco.
¿Qué hay de verdad en lo de Guarambaré? Eso es otra cosa. Pero lo que está claro es que Dora Ceria entendió la asignación: si hay miedo en la calle, hay material para televisión. Y Carlos Martini, con su reacción de verdadero susto, le regaló a esa nota un cierre que no planeaba.


