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2004: Britney Spears y la boda express que duró un suspiro

Aquel año, la princesa del pop nos dejó con la boca abierta con una decisión tan impulsiva como corta: casarse en Las Vegas y anular el matrimonio antes de que se secara la tinta.

2004: Britney Spears y la boda express que duró un suspiro

¡Ay, mijo! Cuando hablamos de bombas de la farándula, el 2004 tiene su joyita, y la protagonista no podía ser otra que la mismísima Britney Spears. La princesa del pop, en pleno pico de su fama y con la prensa persiguiéndola hasta para ir a comprar pan, nos regaló un episodio que, hasta hoy, nos hace levantar una ceja y soltar una risotada.

Resulta que el 3 de enero de ese año, en la ciudad del pecado, Las Vegas, Britney decidió que era un buen momento para casarse. ¿Con quién? Con Jason Allen Alexander, un amigo de la infancia. Sí, así como te cuento. Sin mucha vuelta, sin anillo de compromiso pomposo (al menos no uno que durara), y aparentemente después de una noche de esas que uno no recuerda del todo bien, la pareja se dio el “sí, quiero” en la Little White Wedding Chapel. ¡Imaginate el quilombo!

El “sí, quiero” que duró menos que un suspiro

La noticia corrió como reguero de pólvora, y la gente no podía creerlo. ¡Britney Spears, casada! Pero la sorpresa no duró mucho, porque apenas 55 horas después, el matrimonio fue anulado. ¡55 horas! Hay relaciones de Tinder que duran más. Los documentos de anulación argumentaban que Britney “carecía de comprensión de sus acciones en la medida en que era incapaz de aceptar el matrimonio”. En otras palabras, que no estaba en sus cinco sentidos o que se arrepintió más rápido de lo que canta un gallo.

Claro, la prensa se hizo un festín. ¿Fue una broma? ¿Un impulso de juventud? ¿Una señal de lo que vendría en la vida personal de Britney? Lo cierto es que este episodio marcó un antes y un después en cómo el público veía a la estrella. De la niña dulce de “Baby One More Time” a la joven que tomaba decisiones rápidas y polémicas.

Jason Alexander, por su parte, intentó un par de veces sacar provecho de la situación, pero la cosa no prosperó. Britney siguió con su carrera, sus altibajos, y un año después, para sorpresa de nadie, se casaría con Kevin Federline, un matrimonio que sí duraría, aunque no sin sus propios dramas. Pero esa es otra historia, che. La boda de 55 horas de Britney quedó como una leyenda, un recordatorio de que en la farándula, a veces, la realidad supera cualquier guion de telenovela.

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