¡Ay, mamita querida! Si hay algo que Doña Chola recuerda con lujo de detalles es el año 2001, y no precisamente por la crisis económica, ¡sino por el culebrón que se armó alrededor de Ricardo Fort y su paternidad! Aquello fue un antes y un después para el 'Comandante' y para la tele. Te cuento, porque esto sí que es historia de la buena.
Resulta que en aquel entonces, Ricardo Fort no era el 'Comandante' que todos conocemos. Era un muchacho de la alta sociedad, empresario chocolatero, que empezaba a coquetear con la fama. Pero la bomba estalló cuando apareció en escena Patricia Pacheco, una mujer que aseguraba que Ricardo era el padre de su hijo, Felipe. Y lo mejor (o lo peor, según cómo lo mires) es que ¡la noticia se dio en vivo y en directo!
El ADN que lo cambió todo
Imaginate la escena: Ricardo Fort sentado en un programa de televisión, con los nervios de punta, esperando el resultado de un ADN que podía cambiarle la vida. Y sí, señores, el resultado fue positivo. ¡Ricardo era el padre de Felipe! La cara de Fort, entre la sorpresa y la emoción, quedó grabada en la retina de todos los que estábamos pegados a la pantalla. Fue un shock para él, para su familia, y para todo el país que seguía el drama.
¿Por qué fue semejante escándalo? Primero, porque la familia Fort, los dueños de Felfort, eran muy celosos de su vida privada. Que un tema tan íntimo como una paternidad extramatrimonial se ventilara en televisión abierta, ¡era impensado! Segundo, por la figura de Ricardo. Él siempre fue excéntrico, pero esto lo puso en el ojo de la tormenta de una manera que ni él mismo esperaba. La gente hablaba en la calle, en los cafés, en todos lados. Era el tema del momento.
Después de ese día, la relación entre Ricardo y Patricia Pacheco fue, como decirlo, ¡una novela aparte! Hubo idas y vueltas, reclamos económicos, apariciones mediáticas. Ricardo, con el tiempo, asumió su rol de padre, pero la relación con Patricia siempre fue tensa. Felipe, por su parte, creció con la figura de su padre mediático y, lamentablemente, con la tragedia de su temprana muerte.
¿Qué quedó de todo esto? Pues la confirmación de que Ricardo Fort era un personaje que no le temía a nada, que ponía su vida en el escenario público sin tapujos. Y también, la prueba de que la televisión, a veces, nos regala momentos que superan cualquier ficción. Un verdadero culebrón con sabor a chocolate amargo.