Hay historias de emigración que suenan a novela de aventura, y esta es una de esas. Un tipo de Canelones que se fue de Uruguay hace casi 40 años terminó siendo el único panadero de Longyearbyen, un pueblo noruego donde los osos polares son más vecinos que la gente y donde pasan cuatro meses sin ver el sol. No es que Gerez haya planeado conquistar el Ártico. Simplemente, la vida —y la cocina— lo llevaron hasta allá.
Carlos creció en las cercanías de Pando y a los 22 años tomó la decisión que cambiaría todo: emigrar. Como pasa con muchos migrantes que arrancan sin nada, la cocina fue su primer puerto seguro. "Toda mi vida he trabajado en cocina o en cosas relacionadas con cocina", cuenta. La mayoría de los inmigrantes terminan ahí al principio: es lo primero que te abren las puertas. Pero Gerez no se quedó en cualquier lado. Por una de esas vueltas del destino, terminó en una panadería en Svalbard, el archipiélago noruego donde está Longyearbyen, considerado el asentamiento permanente más al norte del mundo.
Noche polar y minas de carbón cerradas
Veinte años lleva Gerez en Svalbard. Ha visto cambios enormes. Cuando llegó, las minas de carbón todavía bombeaban dinero a la región. Era lo que mantenía el lugar vivo. Hoy eso es historia. Las minas cerraron, la economía se reconvirtió, y los pueblos del Ártico aprendieron a vivir de otra manera. Pero él siguió: panadería mediante.
El lugar es surrealista: cuatro meses de noche polar, osos polares en la calle, y en medio de todo eso, un uruguayo haciendo pan. Para completar el cuadro, a pocos kilómetros existe la Bóveda Global de Semillas, ese bunker apocalíptico donde guardan semillas de todo el planeta por si mañana cae un meteorito o nos matamos todos en una guerra nuclear. Gerez lo menciona con cierta ironía: "Para el caso de que caiga un meteorito o nos matemos todos con la bomba atómica un día, Dios no quiera. Hay semillas guardadas ahí".
La realidad es que mientras el resto del mundo se debate entre TikTok y tendencias, hay un canelonense que hace cuatro décadas eligió el silencio y el frío extremo. No es un influencer, no es un youtuber documentando su vida. Es simplemente un tipo que emigró, se comió la incertidumbre, y terminó siendo el único que sabe hacer un buen pan en el pueblo más remoto del planeta. En la farándula mundial, eso no genera nota. En la real, es un golazo.


