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De Camerún a la Celeste: el hijo del soñador que cumplió el sueño familiar

Ahmed Njankouo, zaguero de River Plate, debutó con Uruguay en los Juegos Odesur a los 19 años. Su padre llegó desde Camerún hace dos décadas para jugar al fútbol; ahora ve a su hijo vistiendo la camiseta que él nunca alcanzó.

De Camerún a la Celeste: el hijo del soñador que cumplió el sueño familiar
Foto: vía Teledoce (UY)

Hay historias de fútbol que empiezan en otro continente y terminan en la camiseta celeste. La de Ahmed Njankouo es una de esas. A los 19 años, el zaguero de River Plate se vistió por primera vez con la Celeste en los Juegos Odesur, un momento que cuenta como «una alegría tremenda» pero que, para ser honesto, tardó en procesarse. Estaba durmiendo la siesta cuando un compañero le escribió para felicitarlo. No le creyó de entrada.

Su padre, Mustafá Njankouo, llegó a Uruguay desde Sable FC en Camerún entre los 19 y 20 años. Fue una apuesta al vacío: dejó familia numerosa, idioma, calor africano, todo. Pasó por Plaza Colonia, Central Español, Bella Vista y Nacional. No fue una carrera deslumbrante, pero funcionó: en Uruguay conoció a la madre de Ahmed y se quedó. «Él dejó todo atrás, fue como una apuesta. Le salió bastante bien», recuerda el hijo con una simpleza que disimula la magnitud de lo que su viejo hizo.

Cuando el sueño del padre se completa en el hijo

La emoción cuando regresó de los Odesur fue de película familiar. Ahmed volvió con camisetas de los partidos y las regaló. Su padre las miró sonriendo. No hace falta que Ahmed explique qué sintió Mustafá: un exfutbolista que nunca alcanzó la Celeste, viendo a su hijo vestirla. El pase generacional funcionó.

Ahmed creció en la cultura uruguaya, aunque Camerún está en su sangre. En casa rezaban siguiendo el ramadán del padre, pero la identidad se tejió principalmente acá. El francés no lo habla; cuando logra comunicarse con su abuela en Camerún, su padre hace de traductor. Nunca pisó el país africano, aunque dice que algún día le gustaría. Por ahora está «bastante desligado de la cultura camerunesa», pero conoce las historias: la infancia difícil de su padre en una familia numerosa, contadas siempre con alegría.

Los consejos llegan desde la cancha y la experiencia. Mustafá sigue siendo entrenador del hijo, aunque informal. «Siempre me tira el doble ritmo de saltar a cabecear, que no puedo perder por arriba», cuenta Ahmed sobre las indicaciones que su padre le da como zaguero. Es el legado de quien intentó llegar a la gloria en Uruguay y la encontró, finalmente, viendo jugar a su hijo.

Para mí, esta historia tiene el peso justo de un clásico del fútbol: sin dramatismo falso, sin infladas de trascendencia. Solo un viejo que apostó y un pibe que cumplió lo que su viejo soñó. Y eso, en el fútbol, es suficiente.

Redactada por el sistema editorial de Que Circo a partir de fuentes públicas (Teledoce (UY)), con control de calidad automatizado. Los temas sensibles y las notas marcadas para revisión pasan por una persona antes de publicarse. Cómo trabajamos.

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