¡Ay, mijas, qué les puedo decir del 2010! Parece que fue ayer cuando el mundo entero se quedó con la boca abierta, no por un hoyo en uno, sino por la cantidad de agujeros que tenía la vida privada de Tiger Woods. Él, el golfista perfecto, el esposo ejemplar de Elin Nordegren, la modelo escandinava, resultó ser más bien un tigre suelto.
Todo empezó a fines de 2009, pero la bomba explotó con todo en 2010. Después de un misterioso accidente de auto cerca de su casa en Florida, donde Elin supuestamente lo rescató de entre los fierros con un palo de golf, empezaron a salir a la luz las historias. Y no eran una, ni dos, ¡eran muchísimas! Modelos, camareras, actrices de cine para adultos... la lista de amantes de Tiger era más larga que la alfombra del campo de golf.
El divorcio más caro del deporte
El escándalo, que los medios bautizaron como 'Tigergate', fue un tsunami que arrasó con todo. Sus patrocinadores, marcas gigantes como Gatorade y Accenture, le dieron la espalda rapidísimo, y su imagen de atleta intachable se fue por el caño. Pero lo más duro fue el golpe personal: su matrimonio con Elin, que parecía sacado de una revista, terminó en un divorcio que se oficializó el 23 de agosto de 2010.
La separación fue, como se imaginarán, un plato fuerte para los chismosos. Se habló de que Elin se llevó una suma astronómica, que algunos estimaron en unos 100 millones de dólares. ¡Casi nada! La pobre mujer no solo tuvo que lidiar con la humillación pública de las infidelidades de su marido, sino también con el circo mediático que se armó alrededor de su vida.
El 'Tigergate' demostró que ni el deportista más exitoso y aparentemente perfecto estaba a salvo de los pecados de la carne y del ojo público.
Tiger, por su parte, tuvo que hacer una pausa en su carrera, pedir disculpas públicas –con cara de perro mojado, claro– y hasta buscar ayuda profesional. Se habló de adicción al sexo, de problemas personales que lo llevaron a esa doble vida. Fue la caída de un ídolo, la demostración de que ni el deportista más exitoso y aparentemente perfecto estaba a salvo de los pecados de la carne y del ojo público.
Hoy, Tiger sigue siendo una leyenda del golf, con sus altibajos, pero aquel 2010 quedó grabado como el año en que su vida personal se descontroló por completo. Un recordatorio de que, por más fama y fortuna que tengas, la verdad siempre sale a flote, y a veces, sale por la ventana del auto.