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Lucrecia Carrillo: «El teatro es un amante celoso»

Nació en Argentina y reside hace un año y medio en Paraguay. Posee una trayectoria de quince años en el campo de las artes escénicas, habiendo sido becada por el Instituto Nacional del Teatro, el Ministerio de Cultura de la República Argentina y el CFI (Consejo Federal de Inversiones). Sus obras han sido declaradas de Interés Cultural, por instituciones culturales como: el Ministerio de Cultura de la Nación y el Senado de la Nación de la República Argentina.

Ha obtenido premios y reconocimientos a nivel nacional e internacional.

Lleva realizadas más de treinta obras de teatro, numerosas películas y participaciones en televisión nacional e internacional. Estudió con reconocidos maestros de actuación y participó en proyectos premiados a nivel internacional. Sus obras, aclamadas por la crítica especializada, abordan la crítica social y éstas, se presentaron tanto en prestigiosos festivales como en espacios públicos no convencionales. En nuestro país, actúo en la Embajada Argentina, el Centro Cultural Juan de Salazar y en el Banco Central del Paraguay, ante más de mil doscientas personas.

Además, como periodista, fue convocada por el mítico conductor Juan Alberto Badía, para su programa Estudio País, que se emitió por la Televisión Pública Argentina hasta el día de su muerte. Siempre en el área cultural, ha trabajado en importantes medios televisivos, radiales y gráficos.

Entre tantas profesiones, ¿por qué elegiste las de actuación y periodismo?

En el caso de la actuación, tiene que ver con la construcción de la identidad. Cuando era pequeña era introvertida y extremadamente tímida, casi antisocial, por lo que mi madre decidió enviarme a un taller de teatro para mejorar mis habilidades sociales. Esa experiencia transformó por completo mi vida. Desde ese momento intuí que había algo inseparable entre estar parada sobre el escenario y la definición a ciertas preguntas existenciales como quién soy y para qué estoy en este mundo. Al principio fue ese goce individualista que responde a la realización personal, pero a medida que fui madurando entendí cabalmente que el teatro y la actuación tienen un fin más supremo: la comunicación y la experiencia artística colectiva. Una vez que el ego sana, uno entiende que esta profesión es para dar y no para recibir.

En el caso del periodismo fue al revés de la actuación, yo no lo elegí, me eligió a mí. Hay un nexo entre el teatro y el periodismo: el puente comunicacional. Las herramientas son diferentes, pero ambas profesiones no existen sin una audiencia.

¿De qué manera influye el teatro en tu faceta de periodista?

Siempre me he dedicado al periodismo cultural, no podría hacerlo en otra área. En mi primer trabajo, el que me inició casi accidentalmente en esa profesión, solía decir que era una actriz actuando de periodista. Hoy sigo afirmando lo mismo.

¿Cuál de las dos elegiste estudiar primero?

Actuación. Como te contaba, el periodismo fue circunstancial y lo he ejercido como oficio con muchísimo respeto y he tenido al mejor maestro: Juan Alberto Badía, quien me eligió para trabajar junto a él en televisión nacional. Ese reto inmenso me llevó a formarme por mi cuenta. De todos modos, ambas profesiones requieren una formación permanente y constante. Las comparo al deporte, hay que entrenar diariamente, con disciplina y dedicación.

¿Cómo te organizás para llevar exitosamente las dos carreras?

Siendo una loca maniática (risas). Hago muchas cosas y trato de prever todo con anticipación. Amo trabajar en equipo, creo firmemente en los colectivos creativos. Pienso que elegir a los compañeros que tengan la misma dedicación y compromiso, es fundamental para cumplir las metas planificadas.

¿Cuáles fueron las situaciones más difíciles que tuviste que superar, trabajando en estos dos medios?

Las superposiciones son tremendas. El teatro es un amante celoso. Te exige horarios y disponibilidades que por lo general se contraponen a los de un trabajo convencional.

¿Creés que acá hay suficientes espacios culturales para que un artista pueda desarrollar sus proyectos?

Creo que esos espacios están emergiendo, se están creando y gestando. Me parece que más que espacios, lo que falta es disponibilidad de recursos. Uno puede montar una obra en un galpón, en la vereda o en el patio de una casa. En ese sentido, los argentinos tenemos mucha experiencia en recuperar espacios y en crear otros. Pero creo que es realmente necesario, un apoyo institucional de todo tipo para la producción de los espectáculos, la asistencia técnica y el equipamiento de los espacios existentes.

¿Cómo visualizás el futuro del teatro en Paraguay?

Yo veo un futuro promisorio, por eso elegí quedarme aquí. Siento que hay sangre caliente en todas las expresiones artísticas y un mundo nuevo -y caótico como todo lo nuevo- que está luchando por crecer.

 

Contame todos los detalles de “La dama del alba”.

La Dama del Alba es una pieza de teatro clásico español de Alejandro Casona. Cuando me convocaron me sentí muy desafiada, no sólo por el personaje que me toca interpretar (una sufrida mujer mucho mayor que yo), sino también porque nunca había hecho teatro clásico.

Está ambientada en la Asturias rural, se centra en las vivencias de una familia desolada por la muerte de una de las hijas. La Madre no ha podido superar la desaparición de la joven y ello afecta el día a día del resto de los hijos y del Abuelo. Un día aparece por la casa una peregrina que lo cambiará todo.

Tiene componentes muy poéticos, lo que la hace muy interesante, sumado a lo atrapante de la trama. Realmente es una obra muy compleja.

¿Existe algún tipo de prejuicio hacia las obras teatrales paraguayas?

¿Del público paraguayo? creo que más que prejuicio hay desconocimiento, el teatro tiene un público reducido. Y no se trata sólo del espacio que le dan los medios, que es un buen espacio. Se trata de que falta educación teatral, costumbre de ir al teatro. Y eso sólo se consigue con un plan de creación de espectadores que comienza en la educación inicial. Hay un informe de la Organización de Estados Iberoamericanos que dice que el 90% de los paraguayos nunca ha visto una obra de teatro. Es una cifra muy preocupante.

Los papeles que más te cuestan interpretar.

Los que se parecen a mí. Es más fácil crear un personaje totalmente ajeno a construir uno que esté tan cercano a uno mismo que se confunda. Esa línea sutil me desespera, encontrar la verdad escénica cuando la cotidianeidad está próxima, es muy difícil.

Los que más te gustan.

Los que me desafían y contradicen, claro. Los que me dejan ser y hacer lo que no soy, no me animo o evito ser en la vida. Los que conmueven, los que desestabilizan y cuestionan. Los que arrasan con las ideas, preceptos y convenciones establecidas.

FotografíasClara Ripoll, Edgardo Delfino, Luciana JaresEleonora Carrillo

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