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Evan Osnos: «Biden es un hombre mayor y blanco, sabe que no tiene el aspecto del futuro de EE.UU.»

Madrid
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Quedan todavía unas semanas para que el futuro presidente de los Estados Unidos, Joe Biden (Sacranton, Pensilvania, 1942), tome posesión de su cargo, el último paso hacia la cumbre de una carrera política que ha estado acompañada por los golpes de una vida donde no ha faltado el sufrimiento, como recuerda el periodista Evan Osnos en «Joe Biden: Una nueva era» (Península, 2020).

Procedente de una familia venida a menos, la biografía de Biden es muy distinta a la de Trump. Su padre, un vendedor de coches que había rozado la fortuna, siempre conservó ese tipo dignidad que suele confundirse con el orgullo, pero que solo es una forma de respeto por uno mismo. Con talento para los deportes, el futuro presidente no fue un estudiante que destacara por sus notas, pero consiguió graduarse en Derecho, casarse con su primera mujer, Neilia Hunter, y tener tres hijos. Como sucede a menudo, el fruto de su alegría fue el de sus penas. Las bofetadas inesperadas, que terminan con los años más felices, son las peores. En diciembre de 1972, mientras iba en coche a comprar un árbol de Navidad, Neilia tuvo un accidente de tráfico, donde murieron ella y su hija. Beau y Hunter, los otros dos niños del matrimonio, quedaron gravemente heridos. Aunque sobrevivieron, el demócrata se hundió en las tinieblas del duelo. Su carrera política despegó en la misma época, cuando se estrenó como senador en 1973, con poco más de 30 años. Juró el cargo junto a una cama de hospital.

Biden perdió a su mujer y a su hija en un accidente de tráfico en diciembre de 1972. Sus otros dos hijos, Hunter y Beau, resultaron gravemente heridos, pero lograron sobrevivir

Gracias a su paso por el Senado, Biden conoció las bambalinas de Washington y se hizo con una gran agenda de contactos internacionales, una cualidad muy apreciada por Barack Obama cuando le convirtió en su vicepresidente en 2009. Si la ideología es el corazón del político, la estética es su rostro. Entre los dos hombres, destinados a entenderse en los pasillos de la Casa Blanca, mediaban numerosas diferencias, sobre todo generacionales, biográficas. Diferencias que también se palpaban en su manera de hablar, de desenvolverse. El experimento no funcionó mal, aunque tampoco estuvo exento de tensiones. Biden, propenso a las meteduras de pata durante sus discursos, cometió algunos deslices en 2014. En apenas unas semanas, hizo un comentario de tono antisemita -llamó «Shylocks» a los cobradores de deudas, como el personaje judío de «El mercader de Venecia»- y otro que rompía el discurso oficial sobre la política en Siria. En esa ocasión, lamentó que los «aliados» de Estados Unidos en la región -Turquía, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos- eran el principal problema. Como apunta Osnos, su error fue ser honesto.

Obama y Biden en la Casa Blanca en 2015
Obama y Biden en la Casa Blanca en 2015 – Reuters

Zonas de sombra

A pesar del agrado con el que muchos han recibido su victoria, tampoco han faltado las voces que han recordado las zonas más oscuras de su carrera. Durante los años 70, Biden fue uno de los principales opositores al «busing», una práctica que perseguía la integración de los niños blancos y negros en las escuelas. En 2003, votó a favor de la guerra de Irak, una contienda muy criticada porque el argumento que la impulsó -las armas de destrucción masiva- era falso y fue el principio de graves desórdenes en Oriente Medio. Recientemente, el demócrata tuvo que hacer frente a las acusaciones de abuso sexual de su exasistente Tara Read, negando los hechos, además del señalamiento por acoso de otras mujeres. En ese sentido, su conducta, como la de Trump, ha sido muy cuestionada.

Durante una conversación con ABC, que se tuvo que celebrar a través de una de esas plataformas que salvan las distancias en tiempos de pandemia, Osnos (Londres, 1973), periodista de «The New Yorker» y ganador del «National Book Award», reflexionó acerca de la vida del político demócrata. También lo hizo sobre la tarea que tiene por delante, después de vencer en las elecciones presidenciales del pasado noviembre, derrotando a Trump. Precedida de varias peleas en el barro, su victoria no ha sido fácil. La misión que tiene por delante, con más de 266.000 muertos por la pandemia y unos 13 millones de personas contagiadas, tampoco lo parece.

Frente al «Hacer América grande otra vez» de Trump, el lema de Biden es «América ha vuelto». ¿A qué se refiere? ¿Tiene como objetivo borrar todos los años de su antecesor en el cargo?

Creo que Biden se enfrenta a un problema interesante. Necesita ser lo opuesto a Trump, pero no basta, tiene que ir más allá. Trump fue elegido porque hay una serie de problemas subyacentes en Estados Unidos, problemas políticos, económicos y culturales. Biden fue elegido para ser el antídoto de Trump, pero en el momento en que Trump se marche ya no será suficiente, y tendrá que encontrar la manera de gobernar en este contexto tan complicado.

Biden nació en los años 40, es un político con un perfil muy diferente al de Obama o al de su futura vicepresidenta, Kamala Harris. ¿Cómo puede conseguir ganarse a los jóvenes?

Biden tuvo un gran número de votantes jóvenes, pero no fueron los más entusiastas. Para ellos, es alguien del pasado. No les causa la misma atracción que Obama, que representaba a una nueva generación. Pero creo que Biden puede buscar un tipo de inclusión de lo que la gente joven quiere. Está creando un gabinete muy diverso, con mujeres en posiciones que no han ostentado nunca. De alguna manera, está estableciendo una conexión con las próximas generaciones.

¿Diría que Biden viene del pasado, pero está conectado con el presente?

Sí, creo que es correcto. Es un reflejo del presente. Para Biden, el desafío es cómo conseguir que la gente le vea también como una esperanza para el futuro. Sabe que es un hombre mayor, blanco, que no tiene el aspecto del futuro de los Estados Unidos. Y por eso se rodea de personas que se parecen más a lo que va a ser. Me lo dijo en una entrevista: «Quiero tener un Gobierno que se parezca más a América».

Por esa razón, ha elegido a Kamala Harris como vicepresidenta.

Sí. Kamala Harris es una pieza clave para decir que están haciendo historia. Con ella, quieren demostrar que es posible que haya una mujer en la Casa Blanca, que es posible que haya una vicepresidenta afroamericana, una hija de inmigrantes en el Ala Oeste. Eso no había pasado antes. A la vez, Harris es una fuente de información sobre lo que piensa el país, pero también tiene el papel de transmitir qué quiere hacer la Casa Blanca al público escéptico.

Como usted explica en el libro, Biden ha atravesado varios episodios dolorosos en su vida. ¿Cómo le ha repercutido esa experiencia en su manera de hacer política, si lo ha hecho?

Creo que esa experiencia, la familiaridad con el sufrimiento, es más que una pequeña característica. De hecho, es la base de la capacidad de Biden para empatizar con el sufrimiento de la gente común. Trump es el hijo de un rico constructor inmobiliario, que le dejó una gran herencia. Vivió en un mundo muy hermético, en el que su fortuna le impidió el fracaso. Biden tuvo una vida diferente. Perdió a su mujer, perdió a su hija, y luego a su hijo [Beau Biden murió en 2015, de un tumor cerebral, a los 46 años]. Así que sabe lo que es preguntarse si puedes seguir adelante. Cuando paso tiempo con él en público, es interesante ver cómo responde la gente. Le paran y le dicen: «He perdido a mi marido, a mi hijo». En esos momentos, actúa más como un psicólogo que como un político. Se para y habla, y esa es una de las razones por las que siempre llega tarde. En un momento en el que Estados Unidos está sufriendo tanto con el Covid, con la economía, eso es algo que la gente quiere del presidente.

Biden, acompañado por sus hijos Hunter y Beau, durante un acto de campaña en 1988
Biden, acompañado por sus hijos Hunter y Beau, durante un acto de campaña en 1988 – Archivo ABC

Haciendo hincapié en esa fortaleza para superar los golpes, ¿diría que la perseverancia es la principal cualidad de Biden?

Biden ve la perseverancia como algo que está en el centro de su vida. Curiosamente, no creció queriendo ser conocido por esa cualidad, porque la perseverancia requiere dolor. Biden cree que está bien fallar, pero siempre y cuando continúes, te levantes del suelo y sigas. En el libro, describo cuando sufrió una lesión cerebral y estuvo a punto de morir. Pasó siete meses fuera del Senado, pero siguió adelante. Creo que hay una lección para los Estados Unidos, que no están acostumbrados a sufrir. Nuestra breve historia ha sido básicamente de crecimiento y logros, y ahora estamos frente al Covid-19 y el colapso económico. También nos estamos enfrentando con nuestra historia racial y sus fracasos.

¿Qué se puede esperar de Biden y su política exterior? ¿Qué supone la elección de Anthony Blinken como secretario de Estado?

Una de las cosas que hay que saber es que Bliken y Biden se conocen extremadamente bien. Y eso importa, si te fijas en la Administración Trump, con Rex Tillerson, y en otros ejemplos en los que el presidente y el secretario de Estado no se conocían del todo. Blinken y Biden tiene un conjunto de valores compartidos. Uno de ellos es la creencia de que Estados Unidos solo es fuerte en sus alianzas. Blinken, que después de todo es diplomático de carrera, cree mucho en el valor de la diplomacia. Saldrá al mundo para restablecer las obligaciones de Estados Unidos con la OTAN y con sus aliados y socios de Asia, en lugar de castigarlos con sanciones.

Desde España, se sigue con mucha atención lo que ocurre en Venezuela o Cuba. ¿Cree que la Administración Biden tendrá una política dura con ambos regímenes?

No creo que sepa lo suficiente para darte una respuesta. Es mejor no especular, porque es un tema delicado.

Biden ha estado inmerso en controversias. Se sabe que combatió el «busing», una práctica que buscaba la integración de blancos y negros en las escuelas, y que votó a favor de la guerra de Irak. También le han efectado las polémicas sobre el comportamiento poco ejemplar de su hijo Hunter. ¿Cómo se ha enfrentado a estas dificultades?

Biden habla de sus problemas de diferentes maneras. Sobre la guerra de Irak, lo lamenta, porque le parece que fue un error votar a favor. En lo que se refiere a su hijo Hunter, piensa que su ADN contiene una especie de demonio, porque alcoholismo ha sido un gran problema para su familia. Cree que Hunter ha tomado algunas malas decisiones, pero que son un reflejo de su herencia. Hunter se metió en algunos líos, como en los negocios. Para Biden, es difícil presionar al único de sus tres primeros hijos que sigue vivo. Durante los debates, Trump intentó poner el foco en Hunter. Biden le podría haber dicho que qué hay sobre Jared e Ivanka, que son bastante impopulares en el país, porque están trabajando en la Casa Blanca de una manera que viola todas las reglas habituales contra el nepotismo. Pero no quiso hacerlo.

¿Cuáles van a ser los primeros pasos de la Administración Biden, las primeras medidas que va a adoptar?

Creo que lo primero que hará será volver al Acuerdo de París, porque es un reflejo de su creencia de lo importante que es abordar el cambio climático y es un gesto para demostrar a los más jóvenes del mundo que Estados Unidos se está tomando en serio el problema. También es una nueva demostración de que cree en la comunidad global y los problemas compartidos. Otro paso será reincorporarse a la Organización Mundial de la Salud, como un reconocimiento del fracaso de Estados Unidos para lidiar con la pandemia y su idea de que las instituciones son necesarias para hacer las cosas de manera más efectiva.

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