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El primer año de Alberto Fernández en Argentina, a imagen y semejanza de Pedro Sánchez


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La Argentina del último año es la Argentina de la pandemia, de una crisis mayor a la heredada, de aumento de pobreza (supera el 40 por ciento), de más inflación (ronda el 50 por ciento), de menor respeto a las instituciones, de renegociaciones a medias, de la deuda y de desconcierto total en el poder. Y, del dólar, su verdadera moneda, que se ha instalado en las nubes.

La pregunta con la que el 10 de diciembre de 2019 inauguró su Gobierno el presidente Alberto Fernández sigue teniendo diferentes respuestas. ¿Quién manda en Argentina? A la sombra de su vicepresidenta, Cristina Fernández, el jefe del Ejecutivo no logra imponer un liderazgo sólido y unívoco. «Hay dudas sobre si se debe a su debilidad de personalidad o a la supervisión cercana de Cristina Fernández de todas sus acciones en materia política. Las hipótesis, no son excluyentes», observa en su informe semanal la consultora Infomedia-Starkelabs.

La gestión del Covid-19 en la Casa Rosada se parece mucho a la de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en La Moncloa. No es casual que ambos países sean, de entre 46 seleccionados por la OCDE, los que vayan a sufrir la mayor recesión del planeta. La hoja de ruta de ambos gobiernos «progresistas» es el reflejo recurrente de dos espejos enfrentados.

Pasos parecidos

El 3 de marzo el ministro de Salud, Ginés González García, aseguraba que el Covid no cruzaría el Atlántico hasta Argentina, un par de semanas más tarde el país declaraba uno de los confinamientos más extensos del mundo. Hoy, oficialmente, son más de 40.000 los muertos. Sólo Fernando Simón se equivocó tanto.

La persecución a los medios de comunicación y el control cuasi policial de las redes no tardó en hacerse más visible de lo que ya era. El «ciberpatrullaje» para recortar la libertad de expresión de ciudadanos y periodistas se tradujo en el Observatorio NODIO. Las protestas de la prensa cayeron en saco roto. Según la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, la idea es «conocer el humor social». En España la Guardia Civil fue más específica y, antes de que el Gobierno de Sanchez anunciara su plan, justificaba la iniciativa por ser «susceptibles de provocar estrés social y desafección a instituciones del Gobierno».

El estado de alarma abrió otro boquete peligroso en el Poder Judicial de Argentina, el objetivo prioritario de la viuda de Néstor Kirchner para tratar de limpiar su «prontuario» y salir indemne de medida docena de procesamientos judiciales que, si no fuera por su inmunidad parlamentaria, la tendría hospedada en prisión. No está definitivamente alcanzado pero se le acerca peligrosamente. «Desintegraron sin pudor la oficina que debía proteger a los imputados colaboradores», recuerda la penalista Marta Nercellas, en alusión a lo que popularmente se conoce como arrepentidos que destaparon la mayor trama de corrupción de la historia durante los gobiernos del matrimonio Kirchner (2003-2015).

CFK, sus siglas favoritas, está pendiente de que el otro Fernández (el presidente), dé luz verde a la reforma de la Procuraduría (equivalente a la Fiscalía General del Estado adjudicada a la ex ministra Dolores Delgado). Hay desconfianza recíproca.

«El aislamiento social y preventivo» decretado por el Gobierno «le dio al Poder Ejecutivo la suma del poder público», observa Nercellas, columnista política de sudamericahoy.com. «Aprovechando nuestro encierro avanzaron sin descanso sobre las instituciones, la propiedad privada y el derecho de los ciudadanos de no depender de la dádiva estatal. Administrar la pobreza -añade- otorga mucho poder».

En este contexto, las arcas del Estado, que en otro siglo fue uno de los diez países más ricos del mundo, van tejiendo telarañas. El Gobierno, en busca desesperadamente de recaudación, puso sobre la mesa un «impuesto a los ricos», uno más a la colección que ejerce una fuerte presión fiscal. Entre tanto, en catorce provincias se hace costumbre la ocupación de tierras con la complicidad de las autoridades. En España, el vicepresidente Pablo Iglesias niega la realidad y se retrata cuando dijo en el Congreso: «El problema de la vivienda en España no es la ocupación, es el precio de los alquileres, la especulación y que los fondos buitres son el principal casero».

«Darle a la maquinita»

En simultáneo, el recurso histórico de «darle a la maquinita» (emisión de moneda) parece no tener fin. «Tenemos una inflación galopante que se está acelerando a fin de año. Los economistas proyectan un 50 por ciento», advertía Guillermo Kohan, periodista económico de referencia, en Radio Mitre. El estudio encargado -hace semanas- a diferentes consultoras por el Banco Central, anticipaba que en el 2021 la inflación llegará al 49 por ciento. Hoy, está por ver si el pronóstico es válido.

La estampida de empresas sigue su curso y con mayor entusiasmo tras el intento de expropiación de la emblemática «cerealera» Vicentín. En las últimas semanas el presidente trató de reconciliarse y dar un giro con los empresarios pero otra pregunta deslizan los industriales: ¿Quién le puede creer?

El ministro de economía de Argentina, Martín Guzmán, discípulo de Joseph Stiglitz, va de aplazamiento en aplazamiento en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. El último sueño de firmar un acuerdo en diciembre se ha pospuesto a enero. Ese mes, el FMI enviará una misión a Buenos Aires para comprobar si puede confiar en un Gobierno en permanente pulso entre su número 1 y la número 2. Dicho de otro modo, si recibe garantías de que lo que se firme, se cumplirá. ¿Será capaz el presidente de aplicar un ajuste y controlar sus consecuencias políticas?

La división en el Gobierno, como en España, se extiende al plano internacional. Los kirchneristas respaldan el régimen de Maduro mientras un sector más próximo a Alberto Fernández procura mantener cierta distancia. La Cancillería se ocupó de difundir un comunicado donde advertía, al estilo de México, que no se pronunciaría sobre asuntos internos como el fiasco de las elecciones del domingo. Ironías de la historia, Argentina pertenece al Grupo de Lima que descalificó y no reconoce el resultado de unas elecciones «que carecen de legalidad y de legitimidad».

Imagen de descontrol

La muerte de Maradona y el espectáculo descontrolado que se vio en el paseíllo de la Casa Rosada, para la despedida nacional y popular del ídolo que convirtió en barro las piernas más poderosas del la historia del fútbol, se convirtió en una metáfora del poder. El presidente, que creyó ver un rentabilidad en el baño de masas, acabó con un megáfono pidiendo a las hordas orden y respeto. «Necesitamos que se ordenen. Van a pasar», gritaba. La vicepresidenta mantuvo calculadas las distancias con él, se refugió en el despacho de Wado de Pedro, su favorito de La Cámpora y actual ministro de Interior, cuando los incidentes estallaban en el histórico Patio de las Palmeras. «Este episodio descolocó al Gobierno y especialmente al presidente, confirmando que su autoridad está sensiblemente dañada», consigna en su informe Infomedia-Starkelabs. «La incapacidad de organización puso en evidencia la incapacidad de mando».

Caos y confusión se apoderaron de la escena. Dentro de la Casa Rosada, el surrealismo argentino se hacía carne y en la calle, la policía de la ciudad tuvo que intervenir. La reacción del Gobierno siguió, al pie de la letra, el catálogo de Moncloa, la culpa es de la oposición. Dicho con sus palabras, exigió al jefe de Gobierno de la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, «que frene ya esta locura que lleva adelante la Policía».

Si a Pedro Sánchez le obsesiona Madrid, a los Fernández Buenos Aires les quita el sueño por la popularidad y buena gestión de Rodríguez Larreta. Su ultima iniciativa, -en trámite legislativo-, apropiarse de fondos que le pertenecen por ley a la ciudad. ¿A quién recuerda?

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Cirquerohttp://www.quecirco.com
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